Adiós a Pepín «el Farias»
Nos dejó quien fue el mejor especialista en el arte de la pesca a la leonesa
Hace un par de semanas que la gente de la pesca dio su último adiós a Pepín «el Farias». Llevaba mas de dos años celebrando y ganando, valientemente, su última competición pero sus fuerzas se agotaron y ya descansa en paz. Viajero infatigable del Esla al Órbigo, del Porma al Sil, nadie como El farias supo interpretar el tiempo que transcurre plácido o intenso, según los momentos, al lado del río. Viejo maestro de campeones nunca tuvo secretos que no compartiese con sus amigos e incluso con sus rivales en el envidioso mundo de la competición. Sin ser casi nunca el primero fue casi siempre el mejor, el más admirado y el más querido. A pesar de su muerte a los 67 años, en lo mejor de la vida, fue un afortunado pues hasta el último momento disfrutó de su gran afición: la pesca de la trucha y del cariño de todos.
El arte de la mosca ahogada o mosca a la leonesa, como la conocen los veteranos, pierde a uno de los mejores especialistas. Para mí, que tuve la suerte de compartir con él muchas jornadas de pesca, Pepín era el mejor. Con él aprendí que en las aguas muertas, donde se ceban las grandes truchas, también es posible engañarlas. «Pesca a distancia, no te muevas y no muevas la línea no tienes que sentir el tirón, pues ya sería tarde, debes presentir la picada y clavarla tú». «No pesques donde se ceben -"me dijo en otra ocasión-" pesca donde te piquen» y ese simple consejo me ayudó a ganar una competición provincial. Porque la gran virtud del Farias no era ni su consumada técnica, ni su preparación física, era el conocimiento e interpretación del río. En eso era sin duda el mejor. Pescador a la vieja usanza y conocedor de los buenos tiempos, cuando las bravas «pintonas» desbordaban los ríos leoneses, supo adaptarse a la época de escasez que nos toca vivir. Quiero dejar patente, con estas líneas, el vacío que deja su ausencia a la orilla del río, de todos los ríos.