Obama quiere un recorte equilibrado con impuestos para los más ricos
El acuerdo sobre la deuda avanza mínimamente entre demócratas y republicanos
A punto de escurrirse una semana más sin progresos significativos entre demócratas y republicanos sobre el incremento del techo de la deuda, Barack Obama compareció ayer de nuevo ante los medios con un mensaje de extrema urgencia pero aún no resignado a que ambas partes logren sellar un gran acuerdo con bases duraderas que ponga coto al gigantesco déficit público del país. «El pueblo estadounidense quiere una solución que sirva para estabilizar nuestras cuentas públicas por 10, 15 o 20 años», aventuró el mandatario.
Tal brote de optimismo contrasta con la dura realidad de la mesa de negociaciones donde los conservadores, en un gesto guiado más bien por su agenda política, a lo más que han llegado es a platear una solución de compromiso de dar poderes al presidente para que amplíe el límite de la deuda 30, 60 ó 90 días. Preguntado si continúa teniendo esperanza en que se alcance un acuerdo antes de la fatídica fecha del 2 de agosto, Obama respondió con una amplia sonrisa. «Siempre he tenido esperanza. ¿No recuerdan mi campaña? Incluso después de dos años y medio, sigo teniendo esperanza».
Más allá de la anécdota, pocos como él han mostrado tanta preocupación por los tiempos. Todo el mundo mira a Washington, pero más que nadie los mercados y las poderosas agencias de calificación cuya capacidad para seguir dando crédito a unos negociadores muy distanciados que no cesan de repetir los mismos argumentos parece a punto de agotarse. Quizás por ello, Obama evitó irse por las ramas y de sus palabras, lo que resonó con fuerza al final fue ese ultimátum al Congreso para que le entregue un plan serio entre las próximas 24 y 36 horas. «Estoy dispuesto para avanzar. No deberíamos estar tan cerca de la fecha límite», aseguró, dando a entender que el país estaría jugando con fuego si el debate no da frutos de inmediato.
Como ejemplo de no todo son exigencias a la oposición, el inquilino de la Casa Blanca, se mostró dispuesto a aceptar una solución más ambiciosa de reducción del déficit en cuatro billones de dólares en la próxima década -“cifra propuesta por los republicanos-”, a través de un «enfoque equilibrado» que incluya tanto recortes de los programas sociales como subida de los impuestos para los más ricos. Aunque no es plato de su agrado, también valoró el llamado «plan de contingencia», la elevación del techo de deuda mediante una ley que otorgue poderes especiales al presidente pero que luego pase al Congreso para debatir allí los aspectos concretos.
Mientras, la agencia de calificación de riesgo Standard & Poor-™s anunció que ha puesto «bajo vigilancia con perspectiva negativa» el crédito de largo y corto plazo de EE.UU., e indicó que hay un 50% de posibilidades de que la degrade en los próximos tres meses. Durante siete décadas S&P ha mantenido la mejor calificación triple A para el crédito de largo plazo, y «A-1+» para el crédito a corto plazo en la deuda soberana considerada como la inversión más segura del mundo. De no lograr un acuerdo bipartidista en los próximos días, la agencia considera que el país no podría alcanzarlo «en varios años», lo que resulta «inconsistente con una calificación AAA, dada la trayectoria esperada de la deuda en los próximos años. El anuncio de Standard & Poor-™s se suma al emitido el miércoles por otra de las grandes agencias mundiales de calificación, Moody-™s.