Merkel, ¿heroína o villana?
Desde que estalló la crisis de la deuda en Grecia, en el ya lejano mes de mayo del 2010, la canciller alemana comenzó a diseñar una estrategia que le ha convertido ahora en una perversa líder europea, que prefiere anteponer su prestigio político dentro de Alemania antes que asumir un liderazgo audaz para rescatar a la zona euro de la catástrofe.
Pero Angela Merkel es considerada por sus compatriotas como una heroína que se resiste a las presiones de sus aliados a la hora de proteger los ahorros, castiga a los países derrochadores e impide que el fantasma de la inflación reviva en el país, al no permitir que el Banco Central Europeo compre sin límites deuda soberana de aliados en aprietos.
La estrategia de Merkel se puede resumir en una sola frase: ‘cada uno debe hacer sus deberes’. En otras palabras, sanear las finanzas públicas, dinamizar la economía y copiar el modelo de estabilidad que impera en Alemania. Por eso, en un momento en que caen gobiernos, aumentan las deudas y las economías se estancan y reducen, insiste en que el único camino de la redención para los deudores es la austeridad. Merkel defiende una idea central que ya está echando raíces en la primera potencia económica del continente: si a Europa no le va bien, a Alemania tampoco le puede ir bien. Nueve millones de empleos dependen de las exportaciones alemanas a la UE.