España lucha por generar confianza en una semana que se presenta crucial
Despertar cuanto antes de la pesadilla bursátil de la semana pasada, que estuvo marcada por dos batacazos antológicos y que acabó con el Ibex-35 hundido en mínimos de marzo del 2009, el momento de la peor recesión mundial desde la posguerra, por debajo de la cota de los 7.300 puntos.
Ese es el principal objetivo que se ha fijado para esta semana el ministro de Economía, Luis de Guindos, quien mañana se reunirá en Fráncfort con el presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, seguro de que el regulador del euro —acostumbrado ya en los últimos tiempos a acudir en auxilio de la deuda y de la banca privada españolas— es la única institución capaz de sacar al país del atolladero al que lo ha conducido la desconfianza de los inversores. Según un portavoz del Ministerio de Economía, Luis de Guindos inicia hoy un viaje que le llevará primero a París, donde tiene previsto explicar a un grupo de inversores internacionales sus reformas del sector financiero y laboral, así como los ajustes fiscales y de gasto incluidos en las cuentas del 2012. Al día siguiente, martes, se trasladará a Fráncfort, donde mantendrá una entrevista con el presidente del BCE.
Convencer
Economía sostiene que el encuentro con Draghi está previsto desde hace tiempo, y lo enmarca en la ronda de visitas del ministro a las principales plazas financieras del mundo desde su toma de posesión, para convencer a mercados y dirigentes de la solvencia y fiabilidad de España. «No tiene nada que ver», subrayaron las fuentes consultadas, con el desastre de la semana pasada, la peor en la Bolsa de la era Rajoy.
La semana se presenta muy complicada y crucial para el futuro de España. El Gobierno se afana por alejar el fantasma del rescate financiero y no quiere que se repita el caos que, pese a todas sus cautelas, siguió al parón bursátil de la Semana Santa: un recorte adicional al presupuesto de 10.000 millones de euros en sanidad y educación, pero los inversores ignoraron el ajuste y redoblaron el martes el acoso a España. De nuevo tuvo que salir a dar la cara el BCE y recordar que su programa de compra de bonos de países con problemas sigue vivo para que la presión aminorara. Tras un respiro de dos días, la caída se repitió el viernes.