Claves de un salvavidas pionero y balsámico
La UE se adentra en un territorio completamente desconocido con su rescate de la banca española. La decisión revela un cambio histórico en bloque. Los socios se ayudarán con una mayor flexibilidad porque están en el mismo barco. El comisario de Economía, Olli Rehn, aplaudió ayer la altura de miras del continente e incidió en que se ha enviado «una señal clara» a los mercados para que vuelvan a confiar en la moneda única.
El acuerdo para ayudar a España sin contrapartidas en el terreno de los recortes no fue fácil. Finlandia y Holanda insistieron hasta el final en la necesidad de imponer más ajustes. Alemania, sin embargo, ya había inclinado la balanza. El principal contribuyente de los fondos de rescate aceptó estrenar los salvavidas blandos con la vista puesta en la escurridiza estabilidad de la zona euro.
El Gobierno alemán optó por una postura más flexible tras semanas de presiones. Como la de EE.UU. que dice que si Europa no soluciona sus problemas la recuperación mundial será imposible. Alemania, que hasta ahora había nadado en la abundancia, también empieza a sentir los rigores de la crisis. En mayo, las exportaciones germanas cayeron un 13%. Con estas piezas, la UE necesitaba dar un salto para tranquilizar a los mercados. La situación era todavía más crítica si se tienen en cuenta las elecciones griegas, pues una victoria de los partidarios de derogar los ajustes amputaría a la divisa común.
El comisario de Economía describió esta apuesta por tranquilizar a los inversores con una «acción preventiva» en apoyo de España. El reto de sostener a España pasa ahora a una parcela más técnica. Rehn explicó que el requisito inicial es que el Gobierno formalice la solicitud de ayuda. A partir de ahí, se realizará un análisis en profundidad del sector financiero, que determinará las necesidades de reestructuración. En las próximas semanas, también deberá aclararse el origen del dinero.