Diario de León

La industria, en su círculo vicioso

. La atonía del mercado interior obliga al sector a intensificar su proceso de internacionalización.

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jorge murcia | madrid
León

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Hay un consenso más o menos generalizado en que los países con un sector industrial potente han sido capaces de resistir mejor la crisis económica. Por eso, son muchas las voces que reclaman un proceso de reindustrialización de la economía española. Hubo un tiempo en que el llamado sector secundario llegó a suponer más del 38% del Producto Interior Bruto (PIB) del país. Fue en 1972, en puertas de la histórica crisis del petróleo que habría de cambiar los fundamentos de la economía a escala mundial.

Desde entonces el sector —que además ha visto redefinidos sus límites por el desarrollo a su alrededor de una potente red de servicios, denominada ‘servindustria’— ha perdido peso de forma paulatina no sólo en España, sino en todo el mundo desarrollado. Ocurre que la ‘terciarización’ de la economía ha sido más acusada en nuestro país, que ahora tiene al turismo como mascarón de proa una vez que la construcción se ha derrumbado sobre sus frágiles cimientos. Durante estos años de recesión, todos los principales indicadores industriales han caído sin remisión. Por ejemplo, el Índice de Producción Industrial (IPI), que mide la evolución mesual de la actividad productiva de las ramas industriales, excluida la construcción. Si se exceptúa el mes de julio, cuando creció un 0,6%, este indicador acumula dos años en negativo. Otro tanto se puede decir de la cifra de negocios, que en agosto marcó su índice más bajo en muchos meses. O la utilización de la capacidad productiva, que pese a remontar algo en los dos últimos trimestres, en el primero del año cayó por debajo del 70%.

En el actual contexto resulta complicado cumplir uno de los objetivos que se marca la Unión Europea (UE) para lograr el crecimiento económico: que la industria alcance un peso del 20% del PIB de cada país. En España, según el Instituro Nacional de Estadística (INE), ese porcentaje está situado en el 15,9%. Eurostat —que descuenta el componente energético de la industria— lo rebaja al 13,3%. «Como el mercado interior no crece, la industria tiene que expandirse por dos vías: internacionalizándose, o a través de la innovación», analiza Jaume Llopis, profesor del IESE Business School. El problema es que la industria española encuentra cada vez más problemas para competir en el exterior por varios motivos. El primero de ellos, el elevado coste de la factura energética. Otro obstáculoes el problema de la financiación. «Conozco personalmente el caso de un empresario que había recibido un pedido de Estados Unidos por valor de 600.000 euros. Necesitaba 300.000 para comprar materias primas y elaborar el producto. Ningún banco se los dio», cuenta Llopis.

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