La paradoja del coche eléctrico
España es uno de los países que más modelos fabrica, pero uno de los más bajos en ventas. El año pasado se matricularon 854 unidades frente a las 13.000 de Francia.
España es uno de los principales polos europeos de fabricación de vehículos eléctricos. En ningún sitio se producen tantos modelos como aquí (cinco). Pero hay pocos países —al menos, en el mundo desarrollado— en los que el volumen de ventas sea tan escaso. El año pasado se matricularon en España 811 turismos eléctricos, cifra que se eleva hasta los 1.460 si se contabilizan además los vehículos comerciales, el industrial, los autobuses o cuadriciclos. A años luz de países que han puesto en marcha una estrategia integral de desarrollo de este producto: Estados Unidos matriculó 45.144 coches eléctricos, Japón 16.816 y, ya en nuestro entorno, Francia 13.173.
El todavía alto precio de los coches, unido a la profunda huella que la crisis ha dejado en España, la discontinuidad de las ayudas públicas, y la tan escasa como desigual implantación de los puntos de recarga eléctrica explican en buena parte —si no en toda— la lenta evolución del mercado nacional respecto al de otros países. Expertos de todo tipo —desarrolladores de producto, fabricantes, e investigadores— dibujan estos días en Santander la radiografía actual del sector y las perspectivas a las que se enfrenta. El Simposio Internacional sobre el Vehículo Eléctrico que acoge la Universidad Internacional Menéndez Pelayo ha sido el escenario elegido por la patronal de fabricantes Anfac para presentar un plan para el desarrollo comercial e industrial del vehículo eléctrico en España.
El punto de partida
El vicepresidente ejecutivo de la asociación, Mario Armero, destacó que, aunque «España es una potencia en la fabricación de vehículos eléctricos (más de 16.000 unidades de cinco modelos distintos), tiene todavía una cuota muy baja en las ventas. Como pieza importante de la reindustrialización, España debe potenciar la presencia de estos vehículos en nuestro mercado y también en la fabricación». Armero cree consolidado un punto de partida para el impulso de este producto: en 2009 existía en España una oferta de sólo cinco modelos —1 turismo y 4 comerciales— cuando ahora se puede elegir entre 22 y 15 respectivamente.
Sin embargo, hay aún demasiados obstáculos que desincentivan al potencial consumidor. Uno es el elevado precio. Por ejemplo, un Renault Zoe —equivalente eléctrico al Clio— puede costar casi el doble, si bien es cierto que las diferentes ayudas públicas disponibles (tanto estatales como autonómicas) pueden reducir sustancialmente el precio. «Pero para eso hace falta una continuidad en las ayudas, y además que se les dé una mayor visibilidad», sostiene Luis Valerio, director del proyecto de vehículo eléctrico de Renault España. A este respecto, y aunque reconoce que el Plan Movele —una especie de ‘PIVE’ a la compra de vehículos eléctricos— «ha impulsado el despegue del mercado español» en los últimos años, Anfac critica «la discontinuidad en las ayudas de un año para otro», y el «corto periodo de vigencia (de mayo a octubre) del plan durante 2013.