Bruselas examina los presupuestos nacionales con el foco puesto en París
. La Comisión deberá decidir en quince días si veta algún proyecto de las cuentas de los socios.
París bien vale la enésima flexibilización de los objetivos de déficit. O no. Bruselas vive tiempos de inflexión, de decisiones inaplazables, de mudanzas de ida vuelta. Unos se van y otros llegan. Y qué llegadas. Jean-Claude Juncker, Jyrki Katainen, Pierre Moscovici… En lo económico, la futura Comisión Europea amenaza con convertirse en un polvorín a la hora de gestionar los complicados egos de sus grandes líderes, de potencias como Francia que son la propia esencia de la UE. ¿Cómo decirle que debe cumplir las reglas, que los Veintiocho socios son iguales, que no basta con lamentarse, que el presupuesto elaborado para 2015 supone otro flagrante incumplimiento del Pacto de Estabilidad y Crecimiento, esa biblia que marca el techo del 3% de déficit público? ¿Cómo?
Bruselas, la Dirección General de Economía, tiene un verdadero ‘papelón’ por delante. El miércoles acaba el plazo para que los Veintiocho envíen sus proyectos de presupuestos para 2015. Muchos han llegado y aún se está a la espera de otros, explican fuentes comunitarias, que eluden hacer valoraciones sobre los proyectos hasta no analizarlos en persona. En el caso de que incumplan de forma flagrante con lo dispuesto en la normativa comunitaria, la Comisión tiene capacidad para devolverlos en el plazo máximo de quince días.