Rato es desmentido por su ex número dos, quien «le advirtió de la mala praxis»
Verdú, ex consejero de Bankia, no usó las tarjetas B porque «sabía de lo que iba».

El ex directivo de Bankia, Francisco Verdú.
Doble desmentido a los principales responsables del desaguisado de las polémicas tarjetas B, con las que se despilfarraron 15,5 millones de euros, al menos entre 2003 y 2012, en Caja Madrid primero y luego Bankia. El ex número dos de Rodrigo Rato en el banco, Francisco Verdú, afirmó ayer ante el juez Fernando Andreu que previno a su jefe de que lo que estaba haciendo era «una mala praxis bancaria», mientras que el antecesor de Miguel Blesa en la presidencia de la caja de ahorros, Jaime Terceiro, negó que en su época se abusara del gasto con dinero de plástico. «Se limitaban a gastos de empresas y éramos incluso excesivamente austeros», dijo.
Ambos comparecieron en calidad de testigos, a fin de aclarar algunas de las dudas y contradicciones que han ido arrojando las últimas declaraciones de parte de los 83 beneficiarios de esas tarjetas llamadas ‘Black’ -en concreto, 27 ex consejeros- como, por ejemplo, para que servían realmente. Verdú, como consejero delegado de Bankia -a la que se incorporó en junio de 2011, apenas un mes antes de su polémica salida a bolsa-, parecía tenerlo claro.
«Ya sabía de lo que iba», dijo al juez en los apenas 15 minutos que duró su declaración, según fuentes jurídicas. En ese tiempo explicó que fue el propio Rato quien le entregó un sobre con la tarjeta B y el contrato correspondiente en febrero de 2012. Curiosamente, sólo un mes después de que el Gobierno (con el primer decreto Guindos) limitara las retribuciones de los consejeros de las entidades financieras nacionalizadas a 600.000 euros anuales.
El ex político metido a financiero, según su versión, le comentó que la tarjeta era de libre disposición -«podía hacer lo que quisiera con ella», añadió- y que tenía un límite anual de 75.000 euros. Le dijo también que sólo otras cuatro personas contaban en Bankia con ese privilegio: el propio presidente y dos consejeros, José Manuel Fernández Norniella, estrecho colaborador suyo en la etapa gubernamental, e Ildefonso Sánchez Barcoj, antigua ‘mano derecha’ de Blesa y durante un tiempo también del propio Rato.
Verdú, sin embargo, ni abrió el sobre porque, primero, ese concepto no figuraba en su retribución contractual y, segundo, el ya tenía otra tarjeta para gastos de empresa. «En mis 30 años en banca nunca había visto algo así», confesó al magistrado. «No se puede utilizar una tarjeta sin ningún tipo de justificación», enfatizó. Una firma, sin embargo, sí figura en el contrato, pero el ex directivo alegó que no es la suya.
Rato, tras conocer la versión incriminatoria de su ex número dos -«le advertí que aquello era una mala praxis y no lo veía bien», declaró éste al instructor-, se apresuró a intentar desdecirle en varios medios. «No le di una tarjeta a él ni a nadie porque no era mi función», señaló.
Después llegó el turno de Jaime Terceiro, bajo cuya presidencia se aprobaron las primeras tarjetas Visa para gastos de representación en Caja Madrid. Corría 1988 y el objetivo era compensar a los consejeros, explicó, pues estaba reciente la liberalización de las entidades de ahorro y había que equiparar su sueldo con los del resto del sector financiero.
Su funcionamiento, testificó ante el magistrado, era «muy simple». Había un límite mensual de 600 euros (7.200 euros al año).