Los herederos dictan el futuro de los negocios familiares en España

El presidente de El Corte Inglés, Dimas Gimeno Álvarez.

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josé maría camarero | madrid
León

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Una junta de accionistas con la viuda del fundador de la compañía recluida en el interior de un Mercedes; un empresario al que se le sublevan cinco de sus siete hijos; la expulsión fulminante de un primo de la dirección… Son algunos de los casos que han protagonizado las empresas familiares españolas. El último ejemplo es el de El Corte Inglés, cuyo consejo de administración desterró a la representante de una de las sagas el domingo pasado. Las rencillas salen a la luz cuando los presidentes fallecen y son las nuevas generaciones las que deben gestionar la compañía.

En España, el 85% de las empresas son de carácter familiar, según el Instituto de la Empresa Familiar (IEF). Pero seis de cada diez grupos mueren cuando lo hacen sus fundadores. «La desaparición de una empresa familiar se debe más a las discrepancias internas que a los problemas derivados de la actividad del negocio», indica Ángel Alonso, director de Relaciones Institucionales de Optima Financial Planners.

El reto al que se enfrentan es que «no ven la sucesión como un trabajo urgente y no le prestan la debida atención, hasta que surgen los problemas», explica Alberto Gimeno, profesor de Esade. Recuerda que existen conflictos de convivencia como los que se dan «entre dos generaciones, entre los propios descendientes y el designado como sucesor y su antecesor». Pero cada familia los afronta como puede.

En El Corte Inglés, Isidoro Álvarez designó al actual presidente, Dimas Gimeno. La estructura de esta sociedad mantenía unos fuertes vínculos familiares. Pero los Areces destaparon la caja de Pandora con la incorporación del jeque árabe.

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