Berlín se obstina en ir a la contra y torpedea de nuevo la unión bancaria
Juncker impulsa un sistema de garantía de depósitos común antes de final de año.

El presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker.
Todos los caminos comunitarios conducen a Berlín. Refugiados, Grecia, crisis… Como justificación, como solución, como chivo expiatorio o como salvador. Poco importa, siempre aparece Alemania. Ellos mandan, ellos ponen el dinero, ellos sostienen el presupuesto comunitario y ellos -bueno, en realidad, ella: Angela Merkel- marcan el ritmo en una Europa que sigue sin ver clara la salida a siete años de crisis.
Es una Europa monotemática en lo mediático que ahora intenta gestionar la llegada de cientos de miles de refugiados pero que a su vez, y aunque haya quedado ahora relegado a un segundo plano, está viviendo momentos decisivos en el aspecto económico. Por un lado, en el debate abierto para reforzar la integración de la Eurozona y, de otro, en la negociación para levantar el tercer y último pilar de la unión bancaria: crear un sistema de garantía de depósitos único a escala comunitaria. Y sí, a que no adivinan quién está poniendo trabas… En efecto, también Alemania. Siempre Alemania.
Por partes. ¿Qué es la unión bancaria? Es ese proyecto imposible que finalmente logró ver la luz en abril de 2014 y que hace que los bancos dejen de ser españoles, italianos o alemanes para ser entidades europeas. Su relevancia es tal que es considerado uno de los mayores hitos europeos, al igual que la moneda única. Se creó primero el Mecanismo Único de Supervisión (MUS) bajo el paraguas del BCE y después un Mecanismo Único de Resolución (MUR), que, aunque ya está trabajando, no asumirá sus funciones hasta 2016.
Los países, pese a sus casi insalvables diferencias, lograron la cuadratura del círculo empujados por la virulencia de la crisis. Pero queda mucho por hacer.
Una de las condiciones de los alemanes es que los inversores privados que compraron deuda de países que acaben declarándose insolventes asuman su parte de las pérdidas antes de que los contribuyentes del resto de países del euro tengan que acudir al rescate. Para ello exigen, por ejemplo, impulsar la creación un sistema de reestructuración de deuda pública de países sobreendeudados. Y en Europa ya hay unos cuantos.
El mensaje de Berlín se lanzó apenas 48 horas después de que el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, anunciara en su primer discurso del Debate de la Unión la voluntad de Bruselas de impulsar antes de finales de año este sistema único de garantía de depósitos. Han sido muchas las alarmas disparadas en la capital comunitaria a raíz de la negociación griega y socios como Francia están empujando para que la integración de la Eurozona deje de ir al ralentí, creando para ello desde un Parlamento a un presupuesto propios.