Volkswagen pierde 25.100 millones en dos días por el trucaje de sus diésel
La multinacional reconoce 11 millones de coches afectados y se desploma en bolsa.

Una mujer observa en el ordenador al presidente de Volkswagen pidiendo perdón.
«La hemos cagado por completo». De esta forma tan gráfica definió ayer el presidente de la filial norteamericana de Volkswagen, Michael Horn, la situación creada por el trucaje que la multinacional alemana estableció en buena parte de su flota de vehículos diesel para ocultar a las autoridades que, en realidad, lanzan al exterior más emisiones contaminantes de las permitidas. El escándalo saltó el viernes en EE UU, pero ya es de alcance global.
Las consecuencias para el poderoso fabricante germano han sido de todo tipo y, lo que es peor, los efectos negativos distan mucho de haber concluido. De momento, en dos días se ha dejado 25.110 millones de euros sobre el parquet bursátil. El lunes cayó un 17,2% y ayer otro 16,8%, contagiando además a otros consorcios automovilísticos del país que, como Daimler Benz y BMW, tuvieron que emitir sendos comunicados donde niegan ser investigados.
La corporación Volkswagen ha perdido en lo que va de semana un tercio de su valor —el viernes pasado ascendía a 77.800 millones— y tras el último cierre del mercado su capitalización es de 52.689 millones (111,2 euros por acción), un 38% menos del precio que se le estimaba a principios de año. En solo 48 horas la compañía se ha ‘comido’ con creces los 23.000 millones que esperaba ganar entre 2015 y 2016 —en 2014 su beneficio ascendió a 10.847 millones, casi un 20% más que el año anterior—, unos números que en cualquier caso difícilmente le iban a salir por el daño sufrido en su imagen corporativa.
Ajuste ficticio
El grupo se ha visto obligado a dejar de comercializar vehículos diesel en Estados Unidos, donde su Agencia de Protección Ambiental (EPA) destapó la existencia de un ‘software’ en los motores de tipo EA 189 que permitía reducir hasta en 40% las emisiones de óxidos de nitrógeno (NOx). Pero era un ajuste ficticio pues solo se activaba cuando el propio sistema detectaba, mediante varios parámetros complejos (volante, velocidad, marchas…), que el coche estaba siendo sometido a un control oficial. Después volvía a su estado normal y, con ello, a contaminar más.
En un primer momento se creyó que el engaño afectaba solo a las 482.000 unidades de la gama diesel del Jetta, el Beetle, el Audi A3, el Golf y el Passat vendidos en EE UU entre 2009 y 2015. Pero desde Volkswagen reconocieron ayer que el polémico ‘software’ también está instalado en los mismos modelos en el resto del mundo, lo que supone multiplicar por 23 el número de vehículos bajo sospecha hasta totalizar 11 millones.
Desde la multinacional, no obstante, esgrimen que el sistema «no tiene efecto alguno en la mayoría de ellos». Alegan que en EE UU el control de emisiones se hace mediante autocertificación de las marcas —en Europa es al revés—, y de ahí los controles posteriores que sí harían rentable utilizar el ‘software’. Estas explicaciones, sin embargo, no han convencido ni fuera —Corea del Sur ya ha abierto una investigación, mientras Japón y China aún estudian qué hacer— ni dentro de la UE.
Varias investigaciones.
Los gobiernos de Francia y Reino Unido pidieron ayer a la Comisión (CE) que abra una investigación formal porque «estamos en un mercado europeo con reglas europeas que hay que respetar».
«Es una cuestión que nos tomamos muy en serio», señaló la portavoz comunitaria Lucía Caudet,.
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Redacción