Casi 58.000 empresas han acabado en concurso en los años de la crisis
El retraso en el pago a proveedores alerta de un problema que se resolvería con una reestructuración.
Camarero / Estrada | Madrid
Durante la crisis económica, casi 58.000 empresas en España han acabado en concurso de acreedores por dificultades de financiación, excesivo endeudamiento, declive del negocio... Una situación que acabó con la liquidación de la empresa en la mayoría de los casos.
Los concursos han disminuido pero siguen siendo miles. De hecho, en los 12 últimos meses, hasta abril, se han disuelto 1.533 compañías, lo que supone un 6,5% más que en el mismo periodo de 2015, según los últimos datos del INE. No obstante, es posible eludirlo si el empresario está atento a las luces de alerta y afronta rápidamente una reestructuración operativa y, en su caso, también financiera, asegura Angel Martín, socio responsable de Restructuring en Europa, Oriente Medio y Africa de KPMG. Los empresarios, sobre todo los de pequeño y mediano tamaño —las pymes aportan el 60% del empleo de España— recelan a enfrentarse a uno de estos procesos de replanteamiento o reducción de su negocio. Casi siempre intentan una huida hacia adelante, negándose a admitir un problema o rechazando tomar medidas hasta que es demasiado tarde porque ya no les queda liquidez.
Mejor no esperar
Sin embargo, «cualquier refinanciación que se alcance va a ser mejor que el propio concurso, porque con éste se crea un estigma tan grande que provoca que, a la vez, nadie te preste», indica Angel Martín, que ha participado en los procedimientos concursales más importantes en España como Abengoa, Pescanova o Martinsa Fadesa. El experto de KPMG explica que los principales problemas de las empresas son: su baja capitalización (la ley permite crear una sociedad con un capital mínimo de 3.000 euros y muchas se limitan a eso cuando deberían tener capital suficiente para cubrir al menos dos o tres meses de salarios de la plantilla); una financiación a corto plazo con la que financian inversiones a largo; y «una estrategia de crecimiento basada en aumentar la facturación perdiendo la visión de cuánto gana con cada producto y con cada cliente».
Las primeras alarmas de que la empresa necesita una reestructuración de su operativa deberían saltar cuando el empresario comience a acumular retrasos en los pagos a sus proveedores. No hace falta esperar a que se Y también en el lado contrario: cuándo se registran los primeros retrasos en los pagos que deben realizar los clientes.