El retorno de España al BCE se complica tras la marcha del alemán Schauble
De Guindos ha mantenido que su colega le prometió que la próxima vacante sería española.

El ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schauble. CLEMENS BILAN
A. Lorente | Bruselas
Llegó al cargo el 28 de octubre de 2009 en pleno estallido de la Gran Recesión. Dicen quienes le conocen que en las distancias cortas te gana, que es un tipo afable, bromista… ¡Y muy europeísta! ¿Estamos hablando de la misma persona? Sí, se trata de Wolfgang Schauble, el gran ministro de Finanzas alemán, el perro de presa de Angela Merkel, el hombre que ha mecido la cuna del Eurogrupo a su antojo recetando austeridad a diestra y siniestra.
Hablar del Eurogrupo es hacerlo de él, pero tras las elecciones alemanas la ‘era Schauble’ ha llegado a su fin para convertirse en el presidente del Bundestag, el Parlamento del país. Y esto no son buenas noticias ni para España ni para el ministro de Economía, Luis de Guindos.
La historia de la debacle económica sufrida por España no sólo se limita a describir la evolución del PIB, de las exportaciones o del paro. El relato bruselense se resume en dos hitos. Una foto: la de aquel 12 de marzo de 2012 en la que el ahora presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, simuló agarrar a De Guindos del cuello. Y un castigo: la pérdida del puesto que España, la cuarta potencia del euro, tenía en el comité ejecutivo del BCE (hay seis). La decisión se consumó a mediados de 2012 y, desde entonces, el estigma ha sido durísimo. De hecho, hay quien asegura que la crisis no se dará por finiquitada moralmente hasta que no se recupere la plaza en el sanedrín de la institución.
La fecha clave es mayo de 2018, ya que es cuando se producirá la primera vacante. Ojo, se trata nada menos que de la vicepresidencia que ahora ocupa el portugués Vitor Constancio. Es todo un caramelo ser la mano derecha de Mario Draghi, aunque sea por unos meses pues éste se marchará el 1 de noviembre de 2019 —el mandato de los seis puestos del comité ejecutivo es de ocho años no prorrogable—. Un dulce que podría degustar el propio De Guindos, que en esferas comunitarias y sobre todo alemanas suena como gran favorito… Si al final es para España, claro. Porque sin Schauble, habemus un problema. Y muy serio.