Más tiempo para regar de dinero la Eurozona, pero con la mitad de ritmo
J. A. Bravo | Madrid
Quienes esperaban que el próximo día 26, en la siguiente reunión del consejo de gobierno del Banco Central Europeo (BCE), se anunciara un giro, no ya brusco, sino al menos apreciable en su controvertida política monetaria de los últimos años, habrán de armarse aún de paciencia y no poca. Es probable que se conozca, por fin, la fecha de retirada de sus estímulos financieros, pero ésta probablemente será bastante más tarde de lo que se esperaba.
A priori, según el debate interno que está teniendo lugar estos días en el seno del supervisor europeo, difícilmente será antes de otoño de 2018. Y es que la aprobación de una prórroga de nueve meses respecto al plazo actual, que expiraba a finales de este año, parece ya la solución más probable de consenso entre quienes defienden prolongarlo incluso una anualidad más y los que -encabezados por Alemania- estiman, por el contrario, que incluso hacerlo medio ejercicio ya sería de por sí mucho.
Para apaciguar los ánimos alemanes y de sus socios, los consejeros afines a su presidente, Mario Draghi, abogan por limitar la cuantía mensual de esas compras de activos (sobre todo deuda soberana y bonos de empresas), que llegará a diciembre con una media de 60.000 millones de euros. Pero aquí, de nuevo, las posturas divergen puesto que los más reacios a seguir regando de dinero la Eurozona persiguen reducir ese volumen a poco más de un tercio.