Bruselas lanza la reforma más ambiciosa del euro desde su entrada en vigor

El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker. OLIVIER HOSLET
Adolfo Lorente | Bruselas
La ceguera cortoplacista anima a quitar hierro al anuncio, a enfatizar los peros por encima de todas las cosas. En esta UE, a raíz de la Gran Recesión, los peros se conjugan en alemán. Eso viene de serie y con eso hay que convivir. Conviene observar más que mirar y analizar más que minimizar porque es posible que el 6 de diciembre de 2017 sea recordado dentro de una década como aquel día en el que la Comisión Europea se atrevió a dar el impulso definitivo al euro, a ese logro que llegó al bolsillo de los ciudadanos el 1 de enero de 2002 y por el que pocos daban un euro años atrás. Hay revoluciones disfrazadas de evoluciones y la de ahora tal vez sea una de ellas. El Colegio de Comisarios de la Comisión propuso el relanzamiento de la moneda única con varias medidas de gran calado que todavía deben contar con el plácet del Consejo (países). Se trata de la creación de un FMI europeo (FME) a partir del Mede, el fondo de rescate; el establecimiento de instrumentos presupuestarios para intentar salvar a países en dificultades y ayudar a los que no tienen la moneda única a realizar las reformas necesarias para acceder al club (ahora son 19 de los 28); y, por último, crear un superministro de Finanzas que sea presidente del Eurogrupo y tenga rango de vicepresidente de la Comisión.
En Bruselas, como admiten fuentes comunitarias, están hartos de arreglar el tejado mientras las llamas devoran la casa. Basta de apagar fuegos a toda prisa y contra el reloj. De lo que se trata de establecer un sistema antiincendios eficaz que permita parapetarse de cara a la próxima crisis. Que nadie lo dude, llegará. «Tras años de crisis, ha llegado la hora de que tomemos las riendas del futuro de Europa. El fuerte crecimiento económico actual nos anima a avanzar para velar por que nuestra Unión Económica y Monetaria (UEM) esté más unida, sea más eficaz y democrática y funcione para todos los ciudadanos europeos. El mejor momento para hacer obras es cuando el sol brilla», recalcó este miércoles el presidente del Ejecutivo, Jean-Claude Juncker. El veterano luxemburgués, eurpeísta convencido y convincente, se juega su legado y ha lanzando un órdago a mayor a una Alemania desorientada como nunca sin saber muy bien como Merkel resolverá el sudoku para poder gobernar.