Diario de León

EE UU recrudece sus sanciones camufladas contra el desarrollo tecnológico

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La imagen de China a nivel mundial se ha deteriorado notablemente a raíz de la pandemia, un traumático acontecimiento que, desde sus primeros compases, reabrió el debate sobre la excesiva dependencia occidental de sus productos. Aunque no ha habido un éxodo en masa entre las empresas extranjeras en el país asiático, sí que se ha agudizado un proceso que arrancó mucho antes de la covid: la deslocalización de la propia China a otros países asiáticos e incluso la relocalización en Occidente.

Eso último es lo que buscaba Donald Trump cuando inició la guerra arancelaria contra China al principio de su mandato y las sanciones contra la exportación de tecnología después. Los líderes chinos criticaron que Washington estaba tratando de «contener el desarrollo chino» y esperaban que Joe Biden abriese el puño, pero ha sucedido lo contrario.

Cuestión de chips

Con el demócrata en la Casa Blanca, la batalla por la supremacía tecnológica se ha agudizado y afecta, sobre todo, a los semiconductores que mueven el mundo.

Alberto Fernández, exdirector de Torres en Shanghái, afirma que esto ha provocado «una crisis de confianza global» y que la situación «puede hacer que China se estanque en este motor industrial tan importante, porque tardará años en fabricar sus propios chips».

No obstante, hay quienes están convencidos de que a Estados Unidos le puede salir el tiro por la culata, porque Pekín buscará crear una industria que antes no tenía y, a medio plazo, puede convertirse en un competidor formidable.

El problema de competir

«Las sanciones disfrazadas de barreras comerciales solo sirven para que Occidente gane tiempo, para retrasar lo inevitable. China tiene el capital humano, el músculo industrial y las materias primas necesarias para plantar cara y acercarse a la autosuficiencia mucho más que nosotros», advierte un industrial español de Kunshan que prefiere mantenerse en el anonimato.

«Hemos decidido competir en vez de colaborar por una cuestión ideológica, y puede que lo acabemos pagando caro», sentencia.

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