El fin del fútbol como lo conocemos: los fondos de inversión toman el control y se adueñan de los equipos
Los clubes de las cinco grandes ligas abren la puerta al capital internacional, con EE UU en cabeza

Jarrod Bowen tras fallar un gol en el partido de clasificación para la FIFA 26.
En tres décadas el fútbol español ha cambiado de manos. De los Lendoiro, Ruiz-Mateos o Lopera —propietarios tan personales como sus clubes— a fondos como Velocity Sports, City Football Group o Ares Management. Para algunos, profesionalización; para otros, pérdida de alma. Los primeros dejaron frases míticas como «¡Viva el Betis!» o «¡Que te pego, leche!». Los segundos han traído dinero y ambición. El fenómeno no es exclusivo de España. En Europa el 36% de los clubes de las grandes ligas ya está controlado por capital de inversión.
A Wall Street le gusta el 'soccer', y no solo por los goles. Si antes las miradas apuntaban a los petrodólares, hoy mandan los dólares estadounidenses. Fondos como RedBird, Sixth Street o CVC llevan tiempo en el sector. El último gran movimiento: Apollo, con más del 50% del Atlético de Madrid. La era del 'trophy investment' —el magnate que compra un club por prestigio o afinidad emocional— queda atrás. Los jeques que desembarcaron en Europa para hacerse con símbolos de poder como el PSG, el City o el Newcastle han dado paso a fondos estadounidenses que operan sin romanticismos: profesionales, orientados a flujos de caja y con un manual de gestión. En palabras de José Epalza, socio del equipo de Advisory de AltamarCAM, «el componente emocional se ha reducido a cero; ahora el objetivo es ganar dinero y hacerlo bien».
El fútbol ofrece algo casi único: audiencias masivas y flujos de ingresos estables —patrocinios, televisión y 'ticketing'-. «Accedes a un activo con una base global de seguidores y un potencial casi ilimitado de visibilidad", apunta Cecilia Díaz, directora en Kreab.
A ello se suma un argumento clave: la monetización del fan europeo está muy por detrás de la de Estados Unidos. La NFL, con unos 200 millones de seguidores, mueve cerca de 150.000 millones de euros al año; las cinco grandes ligas europeas, con alrededor de 4.000 millones de fans, apenas generan unos 30.000 millones. «A partir de una gestión profesional, la marca de un club puede ofrecer retornos muy valiosos", añade Díaz.
La apuesta no se limita al corto plazo. Estos inversores trabajan para elevar el valor del activo —modernizar estadios, reforzar la presencia internacional, optimizar ingresos comerciales, etc.— y vender más caro unos años después. Los números empiezan a reflejarlo: los ingresos de las grandes ligas europeas llevan años disparándose, pero la distancia con otros deportes todavía es abismal.
En poco más de una década, los ingresos de la Premier League se han disparado un 183% hasta superar los 8.200 millones de euros, lo mismo que LaLiga y la Bundesliga juntas. En el campeonato español, el crecimiento es menor —en torno al 133%-, pero la evolución es evidente. Para los fondos, es la confirmación. «En Europa estamos mucho menos maduros y desarrollados. Eso los fondos lo saben y lo están aprovechando", apunta Epalz.
El montante destinado por firmas de inversión al fútbol europeo ha pasado de apenas 70 millones en 2018 a más de 5.000 millones en 2022. Y seguirá creciendo. La profesionalización del negocio atrae cada vez a más jugadores: desde fondos especializados en clubes o competiciones, hasta vehículos que apuestan por derechos audiovisuales o tecnologías para exprimir el vínculo con los aficionados.
Dos actores ilustran bien la apuesta por la diversificación en la industria deportiva: RedBird Capital Partners y Silver Lake. Lejos de centrarse en una sola modalidad o tipo de activo, han construido carteras que combinan clubes, competiciones, negocios de contenido y otras plataformas de entretenimiento. En otras firmas, directamente han creado divisiones especializadas en el entorno deportivo.
El atractivo español
LaLiga también se ha convertido en un destino prioritario para el capital internacional. El giro empezó con el acuerdo con CVC en 2021, que inyectó más de 2.000 millones a cambio del 10% de los ingresos comerciales de los clubes durante medio siglo. Esa entrada de dinero supuso oxígeno para una competición golpeada por la pandemia y con una brecha creciente respecto a la Premier.
El Atlético de Madrid es el último gran movimiento, pero no el único. El Sevilla dio entrada al fondo estadounidense 777 Partners; el Girona forma parte del City Football Group; y el Espanyol, que ha pertenecido a capital chino desde 2016 hasta el pasado mes de octubre, ahora es propiedad de Velocity Sports. En Segunda, también han llegado inversores que buscan ascender y multiplicar ingresos con un solo movimiento en la tabla. «Aquí hay clubes con historia, estadios modernos y una base de aficionados muy fiel. El atractivo es evidente", explica Epalza.
El reparto audiovisual más equilibrado y la mejora de las estructuras financieras han reducido los riesgos y aumentado la valoración de los clubes. Para los fondos, España combina prestigio deportivo, posible revalorización inmobiliaria —la llave del Metropolitano es un ejemplo, recuerda el socio AltamarCAM— y potencial global de marca. Para muchos equipos, supone poder competir sin temer a los números rojos.
España presenta una excepción en el mapa europeo del capital deportivo: casi todos los clubes de LaLiga son Sociedades Anónimas Deportivas, una estructura que facilita la entrada de inversores privados, pero Real Madrid, Athletic Club, FC Barcelona y Club Atlético Osasuna son aún entidades propiedad de sus socios. Una muralla que podría reconfigurarse: el Real Madrid trabaja en una reorganización societaria. La propuesta incluiría límites estrictos para evitar cesiones de poder.
Los aficionados del fútbol español, sin embargo, viven el momento con una mezcla de esperanza y miedo. El dinero promete competir, pero también pone a prueba la identidad. Epalza lo resume con pragmatismo: «El riesgo no es que un fondo te lleve a Segunda; el riesgo es llegar arruinado antes». A su juicio, la profesionalización aporta gestión, estabilidad y más opciones de éxito deportivo. Eso sí, con letra pequeña: «Las mejoras se cobran». Más explotación del estadio, precios más altos y decisiones tomadas a miles de kilómetros. En España, donde los clubes se heredan como la fe o el apellido, la entrada de un fondo extranjero siempre genera una duda de fondo: ¿de quién será dentro de diez años?