El giro de Bruselas abocará a coches de combustión caros y de lujo
La propuesta de Europa trata de calmar a la industria del motor, que está en números rojos

La presidenta de la Comisión Europea, Úrsula Von der Leyen.
Para Pedro Sánchez, «un error histórico». Para la Comisión Europea, «sentido común». Para las automovilísticas, «un buen paso». Para las organizaciones no gubernamentales, «una peligrosa ambigüedad». Bruselas ha decidido dar aire a la industria europea del automóvil, asfixiada por la transición energética y la competencia global, aunque el precio sea reabrir, con letra pequeña, la puerta a los motores de combustión más allá de 2035. Unas condiciones aparentemente menores, pero decisivas, que suponen un nuevo ejercicio de funambulismo de la Comisión Europea. Bruselas contenta a un bloque —Alemania e Italia— al permitir una producción limitada de vehículos con motor de combustión y, al mismo tiempo, al otro —Francia y España, entre ellos— al imponer fuertes restricciones. La normativa vigente obligaba a reducir al cien por cien las emisiones de CO? de los coches nuevos a partir de 2035, lo que en la práctica suponía el fin de la combustión. La nueva propuesta —pendiente aún del visto bueno de los Estados miembros y del Parlamento Europeo— rebaja ese objetivo al 90% y deja un margen del 10%, lo que abre la puerta a producciones limitadas de vehículos de gasolina y diésel más allá de esa fecha. Pero ese 10% no equivale a un 10% de coches. Se trata de emisiones dentro de un cálculo de medias: cada vehículo que emite CO? empuja al alza el promedio del fabricante y obliga a compensarlo con más coches de cero emisiones o con mecanismos adicionales, con impacto directo en costes y resultados. Con un margen tan estrecho, la combustión deja de ser una alternativa de volumen y se convierte en cupo. En la práctica, esa letra pequeña reserva el espacio a modelos de bajo volumen y alto valor añadido. «Lo que veremos es la supervivencia de los coches de combustión caros y potentes», resume Guillermo García Alfonsín, ingeniero y consultor. Es decir, beneficiará a marcas como Mercedes, Porsche o Ferrari. Ese margen del 10% solo puede mantenerse mediante un sistema de compensación de emisiones que traslada el problema del tubo de escape a toda la cadena de valor. La Comisión Europea plantea que el exceso de CO? se compense con el uso de acero de bajo carbono producido en Europa y con combustibles sostenibles, como biocombustibles o e-fuels.
Desafío para las empresas
En la práctica, estas compensaciones añaden un peaje invisible al coche de combustión. No solo elevan el coste de fabricación, sino que introducen límites de disponibilidad, exigencias de trazabilidad y un marco regulatorio aún por concretar. Para los fabricantes, el eléctrico sigue siendo caro de desarrollar, pero predecible. La compensación es más incierta y menos controlable. El giro de Bruselas no se produce en el vacío. En las últimas semanas el sector del automóvil ha vivido un fuerte rebote bursátil —el índice europeo del motor ha subido más de un 20% en el último mes— que no ha logrado ocultar el deterioro de los resultados. Los grandes fabricantes encadenan advertencias sobre beneficios peores de lo previsto y recortes de expectativas en un contexto de demanda débil y márgenes presionados.