El difícil acceso a la vivienda obstaculiza la emancipación juvenil a pesar de la mejora en el empleo
Tan solo tres de cada diez jóvenes españoles puede emanciparse sin ayuda económica familiar

Vivienda en venta
Pese a la mejora de empleo, las dificultades para acceder a una vivienda truncan la independencia económica que cae diez puntos porcentuales en la última década. El mercado laboral español ha cambiado de forma sustancial a lo largo de la última década. El paro juvenil ha bajado con fuerza, la contratación temporal ha perdido peso y cada vez más jóvenes acceden a empleos indefinidos de la mano de una mejora del nivel de formación.
Desde los años posteriores a la crisis financiera, sus ingresos han recuperado parte del poder adquisitivo perdido. Sin embargo, estas cifras no se han traducido en una mayor independencia económica por las dificultades para acceder a una vivienda. Así se desprende del informe 'Cuando avanzar no basta'.
La juventud española ante el desafío de la emancipación', elaborado por Comisiones Obreras con motivo del 'Día Internacional de la Juventud', que detalla cómo la proporción de jóvenes que viven por su cuenta lleva años disminuyendo y el principal obstáculo ya no está únicamente en encontrar trabajo. Los datos hablan por sí solos. Entre 2016 y 2025, el porcentaje de jóvenes emancipados ha pasado del 41% al 31%, una caída diez puntos porcentuales que contrasta con la de otros países europeos como Alemania, donde la proporción de jóvenes y adultos jóvenes que viven de forma independiente se mantiene en niveles superiores y la tasa europea se mantiene estable en torno al 50% desde hace una década.
La paradoja es especialmente visible entre los jóvenes que ya están incorporados al mercado laboral. La evolución del empleo juvenil ha sido positiva en comparación con la situación de hace una década y la tasa de paro entre los menores de 30 años se ha reducido desde los niveles alcanzados durante la crisis y se sitúa actualmente en torno al 16%. Al mismo tiempo, la reforma laboral aprobada en 2021 ha reducido el peso de los contratos temporales.
La temporalidad, que alcanzaba el 56% en 2018, se situó en torno al 32% durante la primera mitad de 2026. Pero al mismo tiempo, el coste de acceder a una vivienda, ya sea en propiedad o en alquiler, se ha convertido en una de las principales barreras para quienes intentan dar ese paso. Y este retraso también afecta a los grupos de mayor edad. Entre los 30 y los 34 años, una etapa en la que tradicionalmente se consolidaba la independencia residencial, la dificultad para acceder a una vivienda se ha convertido igualmente en un problema.
Diferencias de género
En este sentido destaca la brecha de género entre hombres y mujeres en ambos tramos de edad, donde las mujeres tienen una mayor propensión a emanciparse, aunque sea en condiciones de precariedad, según el sindicato. Sin embargo, son ellas quienes, en su etapa de 25 a 29 años, las que han sufrido un mayor retroceso en su tasa de emancipación, pasando de un 51,2% en 2009 a un 29,7%, más de 20 puntos de caída, frente a ellos, que han pasado de un 36,7% a un 22,2%.
El precio cambia las reglas, ya que la explicación se encuentra, según el estudio del sindicato, en la relación entre los ingresos y el coste de la vivienda. Para un trabajador joven con ingresos medios, el problema ya no es únicamente que la cuota hipotecaria sea elevada sino reunir el capital inicial necesario para comprar. La dificultad para acumular ese ahorro se agrava cuando una parte importante del salario debe destinarse al alquiler mientras se intenta ahorrar para un futuro inmueble.
Antes del estallido de la burbuja inmobiliaria, los precios reales de la vivienda en propiedad eran incluso más elevados que en la actualidad. Sin embargo, las condiciones de acceso al crédito eran considerablemente más laxas, lo que permitía a muchos jóvenes adquirir una casa y, con ello, emanciparse, aunque a costa de asumir niveles de endeudamiento y sobreesfuerzo económico difícilmente sostenibles.
El alquiler ya no parece una alternativa
Las medidas adoptadas posteriormente para reforzar la estabilidad financiera y evitar la formación de nuevas burbujas han restringido el acceso a un crédito hipotecario más flexible. Y mientras el alquiler debería funcionar como una alternativa para quienes no pueden comprar, en España la oferta pública sigue siendo reducida.
Por su parte, el precio de los alquileres ha aumentado con especial intensidad en los nuevos contratos y quienes ya tienen uno antiguo pueden encontrarse en una situación diferente a la de quienes buscan vivienda por primera vez. Estos últimos tienen que asumir las condiciones actuales del mercado y, en muchos casos, dedicar una parte elevada de sus ingresos al alquiler.
El precio del alquiler en España se encareció un 6,8% en julio, hasta los 15,3 euros por metro cuadrado, lo que supone una renta mensual de 1.377 euros para un piso de 90 metros, más del doble que hace 10 años, según los últimos datos de Idealista. El sobreesfuerzo de los jóvenes que alquilan (incluyendo comunidad, energía y agua) ha empeorado tras la pandemia y ya se come cerca del 35 % de su presupuesto, según un estudio reciente de Funcas.