Las constructoras españolas cambian el hormigón por los datos
ACS y Ferrovial dejan de competir solo por levantar centros de datos y buscan participar también en su desarrollo y explotación

ACS es la compañía que más ha avanzado en esa transformación de las constructoras.
Durante décadas, las grandes constructoras españolas crecieron levantando autopistas, aeropuertos, hospitales y líneas ferroviarias. Ahora han encontrado otro terreno de juego, menos visible pero llamado a movilizar miles de millones: los centros de datos. El atractivo no está únicamente en ejecutar edificios llenos de servidores. La apuesta consiste en entrar antes, con el suelo, la energía y el diseño, y permanecer después, vinculadas a los ingresos generados por el activo. En otras palabras, transformar un contrato de obra en un negocio de largo plazo.
«Durante años hemos hablado de la nube como si flotara, pero internet es físico; tiene código postal», resume Begoña Villacís, directora ejecutiva de SpainDC. La patronal calcula que solo la construcción y el acondicionamiento de estas instalaciones podrían movilizar unos 25.000 millones de euros entre 2026 y 2030. Al sumar equipamiento, software y servicios asociados, la inversión proyectada alcanza los 66.900 millones.
ACS es quien más ha avanzado en esa transformación. Turner, su filial estadounidense, cerró 2025 con una cartera de pedidos de 44.300 millones de dólares, de la que aproximadamente el 37% correspondía a centros de datos. El grupo prevé que su negocio de ingeniería, compras y gestión de la construcción de estas instalaciones facture entre 20.000 y 25.000 millones de euros en 2030.
Pero el verdadero salto de ACS no está solo en el volumen de obra. El grupo ha creado con Global Infrastructure Partners, el fondo de infraestructuras de BlackRock, una plataforma conjunta al 50% para desarrollar y operar centros de datos. La sociedad arrancó con 1,7 gigavatios de proyectos en Estados Unidos, España y Australia y aspira a alcanzar 3 gigavatios operativos en 2030.
ACS está construyendo así dos negocios alrededor del mismo edificio. El primero cobra por diseñarlo y levantarlo. El segundo busca generar valor como promotor e inversor una vez que la instalación entra en funcionamiento. La alianza permite compartir el esfuerzo financiero y mantener exposición a los ingresos futuros del activo. Ferrovial sigue un camino parecido y ya ha puesto cifras a su salto como promotora. La compañía invertirá más de 1.000 millones de euros en un campus de centros de datos en Alcobendas, al norte de Madrid. El complejo se levantará sobre cuatro parcelas y superará los 100 megavatios de capacidad cuando esté completamente desarrollado.
Será la primera inversión propia en España de Ferrovial Digital Infrastructure, la división creada para intervenir desde la búsqueda de terrenos con potencia disponible hasta el diseño, la construcción, la inversión, la operación y el mantenimiento. La compañía pretende así capturar valor durante toda la vida del activo, no solo durante la obra.
El movimiento reproduce una lógica que ambas conocen bien por su experiencia en grandes infraestructuras: no limitarse a ejecutar la obra, sino participar en la financiación, el desarrollo y los ingresos posteriores del activo.
«Los centros de datos pueden convertirse en una nueva gran especialización para nuestra industria y en una capacidad exportable, como ya ocurrió con otras grandes infraestructuras», sostiene Villacís.
Construirlos, sin embargo, exige mucho más que levantar una nave industrial. «No es una nave industrial; es un edificio de alta criticidad», explica Félix de la Fuente, vicepresidente de Aslan. «El mayor reto es conseguir una operación continua las 24 horas, los siete días de la semana, independientemente de lo que pase fuera del centro de datos». Eso obliga a coordinar alimentación eléctrica redundante, baterías, generadores, climatización, seguridad y varias rutas de fibra. Todo debe seguir funcionando aunque falle uno de los componentes. La complejidad está en lograr que el conjunto nunca se detenga.
Sin 'enchufes'
Sin embargo, el principal obstáculo aparece incluso antes de colocar la primera piedra. "El recurso más escaso en cualquier lugar del mundo es la red, la potencia y la capacidad de enganche", advierte De la Fuente. Una parcela barata sirve de poco si no dispone de electricidad suficiente o si la conexión puede demorarse durante años.
Román Santos, director de Construcción de Digital Realty en España y Portugal, coincide en que la llamada speed to power, la rapidez para acceder a potencia eléctrica, se ha convertido en el principal criterio para elegir un emplazamiento. "El principal reto no es la demanda, sino la capacidad del país para absorberla", señala.
La electricidad explica que el mapa de estas inversiones pueda extenderse más allá de Madrid y Barcelona. Las regiones capaces de combinar suelo, fibra, potencia y plazos administrativos previsibles tendrán más opciones de atraer proyectos. Pero los anuncios no deben confundirse con centros operativos: entre solicitar megavatios y encender los servidores median permisos, financiación, equipos y años de trabajo.
La estabilidad regulatoria es otra condición decisiva. "Estas son inversiones a muy largo plazo y las inversiones son miedosas: cuando ven dificultades o irregularidades en la regulación, se van a otro lugar", asegura De la Fuente.
A ello se añade un cuello de botella menos visible: el talento. "Falta talento. Tenemos formación en sectores colaterales, pero necesitamos gente específica del sector", reconoce el vicepresidente de Aslan.
La inteligencia artificial ha acelerado la demanda, pero no explica por sí sola el fenómeno. También crecen la computación en la nube, el comercio electrónico, la banca digital y los servicios públicos conectados. Para ACS y Ferrovial, la oportunidad consiste en aplicar a esa economía su experiencia en grandes infraestructuras: desarrollar proyectos complejos, atraer capital y permanecer ligadas a sus rendimientos. En este mercado, levantar el edificio es solo el principio. El verdadero valor está en conseguir electricidad, asegurar un cliente y lograr que los servidores nunca se apaguen.