El Gobierno vivirá un vía crucis en el nuevo curso para desbloquear su agenda
Ni Presupuestos, ni registro horario, ni decreto de vivienda, ni cambios en el Salario Mínimo
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, inaugura la XXVI Asamblea del Consejo de la Juventud de España.
Septiembre ha puesto ya en marcha la maquinaria económica del Gobierno. Y lo hace con una agenda cargada de promesas y medidas aunque con pocos visos de poder cumplirlas: los Presupuestos de 2027, el nuevo reparto de recursos entre comunidades, la subida del salario mínimo y los cambios para evitar absorciones mediante los complementos, el registro horario, la transparencia salarial, la vivienda, la industria o las nuevas exigencias ambientales para los centros de datos, el Estatuto del Becario, la reforma de la incapacidad temporal.... El Ejecutivo tiene la consigna de mantener «la ambición» y pelear por sacarlo «todo» adelante, pero —consciente de las dificultades— fuentes de Moncloa aseguran a este periódico que irán avanzando «poco a poco", «partido a partido».
El problema es el tiempo y, sobre todo, los votos, lo que aboca al Gobierno a vivir su particular via crucis en este inicio de curso. El Gobierno dio un paso adelante este pasado viernes para reanudar su agenda económica con todos los deberes que dejaron pendientes para septiembre antes de vacaciones al aprobar, con todas las comunidades en contra salvo Cataluña y Canarias, la nueva financiación en el Consejo de Política Fiscal y Financiera que —según defiende el Ejecutivo— supone una mejora para todas las autonomías porque implica una inyección de 21.000 millones en el sistema.
Pero la batalla final está en el Congreso, donde ahí sí necesita una mayoría que, a día de hoy, es impensable. Igual de impensable es que Pedro Sánchez consiga sacar adelante los Presupuestos para 2027, que serían los primeros de la legislatura. Es más, en estos tres años, pese a sus eternas y continuas promesas, el Gobierno no ha esbozado ni un solo proyecto de cuentas, algo totalmente inusual. Pero este año puede suceder, ya que Sánchez sopesa utilizarlo como escaparate de su estrategia electoral de cara a unos comicios que es más que probable que se adelanten.
La medida estrella de la legislatura, reducir la jornada a 37,5 horas, naufragó en el Congreso, pero la vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz, se guardaba un as bajo la manga: poner coto al tiempo de trabajo mediante un endurecimiento del registro horario a través de un real decreto con rango reglamentario que no requiere convalidación parlamentaria. El nuevo registro de jornada que quiere Díaz es digital (fin a las anotaciones a lápiz), objetivo, fiable, exhaustivo y con toda una serie de nuevas obligaciones: especificar al detalle infinidad de datos (personales y laborales), como el tipo de jornada, las horas extras y su remuneración, las pausas, los tiempos de guardia o desconexión, etc.; así como permitir el acceso inmediato por parte de la inspección de trabajo (también en remoto) y de los representantes de los trabajadores. El choque entre los dos vicepresidentes (Díaz y Cuerpo) ha ido retrasando su aprobación.