Diario de León

La Herrera I recupera todo su esplendor y refuerza el legado minero de Sabero

Concluye la rehabilitación del histórico castillete de Sahelices, primer pozo vertical de León

Las obras se enmarca en el proceso del Ayuntamient para recuperar diferentes espacios vinculados a la actividad minera.

Las obras se enmarca en el proceso del Ayuntamient para recuperar diferentes espacios vinculados a la actividad minera.castro

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Sabero

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El histórico castillete minero de La Herrera I, situado en Sahelices de Sabero, vuelve a lucir en todo su esplendor después de los trabajos de rehabilitación desarrollados durante los últimos meses para recuperar una de las estructuras más emblemáticas del patrimonio industrial de la Cuenca Minera de Sabero. La actuación ha permitido mejorar el estado de conservación de este elemento ligado a más de un siglo de historia minera y reforzar su presencia como uno de los referentes patrimoniales y turísticos del valle.

Los trabajos han sido posibles gracias a una subvención de 24.705 euros concedida por la Diputación de León al Ayuntamiento de Sabero dentro de las líneas destinadas a la recuperación y puesta en valor del patrimonio industrial relacionado con la minería del carbón. Estas ayudas, gestionadas a través del área de Transición Ecológica, tienen entre sus objetivos contribuir a la conservación de edificios, maquinaria e instalaciones que forman parte de la historia minera de la provincia.

Durante el verano se ha llevado a cabo el lijado y preparación de todo el entramado metálico del castillete, una estructura que debido a su exposición a la intemperie requería trabajos de mantenimiento y protección. Posteriormente se aplicó una capa de pintura destinada tanto a proteger el conjunto frente a las condiciones ambientales como a recuperar su imagen. La intervención ha corrido a cargo de la empresa leonesa Lavandera Nieve y Roca.

La actuación se enmarca en el proceso emprendido por el Ayuntamiento de Sabero para recuperar diferentes espacios vinculados a la actividad minera y convertirlos en nuevos recursos para el municipio. En 2025, el consistorio pasó a ser propietario del histórico castillete del Pozo Herrera I y de las antiguas instalaciones de la Mina Escuela o Mina Blanca, con la intención de recuperar estos espacios e incorporarlos a los atractivos turísticos del valle.

La operación se realizó sin coste para las arcas municipales, después de la cesión de estos bienes por parte de Hulleras de Sabero y Anexas, empresa que, desde el cierre de la explotación en 1991, ha ido cediendo distintos elementos de su patrimonio para contribuir a conservar la memoria de más de 150 años de actividad minera en la zona.

A este patrimonio se suman la Ferrería de San Blas, que alberga el Museo de la Siderurgia y la Minería de Castilla y León, el Grupo Minero Sucesiva y los terrenos donde se conservan los restos de los Hornos Altos de la antigua Ferrería, destinados a la ampliación del museo. También forman parte de este conjunto el Parque Venancio Echeverría, la zona de descarga y La Pulga, espacios que permiten mantener vivo el vínculo entre el municipio y su pasado industrial.

Otro de los proyectos vinculados a esta recuperación es la Sala de Máquinas del Pozo Herrera, concebida como parte de «El Valle del Recuerdo», una iniciativa destinada a rendir homenaje a los más de 300 trabajadores fallecidos en los pozos mineros de la Cuenca de Sabero. Las obras de este espacio, en las que se han invertido algo más de 400.000 euros, permanecen paralizadas desde hace tres años. Según explicó el alcalde en 2023, la actuación quedó detenida por defectos detectados en el proyecto, una situación sin resolverse.

Testimonio de la minería leonesa

La historia de La Herrera I se remonta a 1909, cuando se acometió la profundización del pozo que se convertiría en el primer pozo vertical de la provincia de León. El primer castillete, de 18 metros de altura, fue instalado en 1911 y comenzó a funcionar con una máquina de vapor. Permaneció operativo hasta 1931, con un pozo que alcanzaba los 150 metros de profundidad y disponía de tres plantas.El castillete fue instalado en 1932 y permaneció en funcionamiento hasta la clausura del Pozo Herrera I en 1968. Se trata de una estructura de 38,50 metros de altura, construida mediante una resistente celosía metálica roblonada, siguiendo modelos utilizados en numerosos pozos mineros de Francia, Bélgica y Alemania.Su construcción supuso entonces una inversión de 151.336,02 pesetas. La estructura fue colocada girada 45 grados respecto al primer castillete debido al cambio de ubicación de la máquina de extracción. La nueva instalación incorporó además un sistema eléctrico, convirtiendo a La Herrera I en el primer pozo de la provincia de León en utilizar este tipo de energía para sus labores de extracción.El pozo también conserva una memoria marcada por los accidentes laborales. Un total de 102 mineros perdieron la vida en sus instalaciones a lo largo de su historia. El último accidente mortal se produjo el 1 de febrero de 1967, cuando José Rodríguez falleció por asfixia de carbón como consecuencia de un enterramiento.La recuperación del castillete permite así conservar no solo una estructura metálica, sino también un testimonio de la evolución técnica y humana de la minería de Sabero. Su rehabilitación se suma a una estrategia municipal orientada a convertir el patrimonio industrial en un recurso capaz de atraer visitantes y contribuir a la actividad económica del valle.El objetivo pasa por ofrecer al visitante un recorrido en el que la historia minera se combine con los recursos naturales y las posibilidades de ocio del municipio. A los elementos industriales se unen el Museo de la Siderurgia y la Minería de Castilla y León, la Vía Ferrata de Valdetorno, la Cueva de Valdelajo, el Canal de Aguas Bravas y una amplia red de rutas de senderismo.Parajes como La Camperona, La Cruz o la Torreta de Olleros completan una oferta que busca aprovechar la combinación de patrimonio, naturaleza y memoria minera. En este escenario, el renovado castillete de La Herrera I recupera protagonismo como uno de los símbolos más visibles de un pasado industrial que el municipio pretende preservar y convertir en parte de su futuro turístico.
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