Vacas que viven a cuerpo de rey
Duermen en camas de agua, tienen ventiladores y son ordeñadas con música de Bach para evitar el estrés. En una granja de Madrid, para obtener más leche y de más calidad

Dos de las vacas de la granja, recostadas en camas de agua
«Si queremos obtener la mejor leche posible, tenemos que tratar a los animales con cariño». Ésta es la máxima que sigue el suizo Hans Peter Sieberg en su granja La Chirigota, situada en la sierra de Madrid, y hasta ahora no le ha dado malos resultados. Sus vacas producen unos 20.000 litros al día y tanto su leche como sus productos, que se comercializan con la marca Priégola, tienen una calidad que les hace que se los rifen en los puntos de venta. Sus vacas viven a cuerpo de rey, no consiente que ningún empleado les chille o azote porque el estrés las hace producir menos pero, lo más significativo, es que duermen en camas de agua para no lastimarse las rodillas al tumbarse, disponen de ventiladores para que su temperatura no supera ni baje de 22 grados y son alimentadas de forma diferente en cada edad, según sus necesidades y siempre con piensos mezclados en la propia granja. Ordeño con Bach Los animales son ordeñados tres veces al día por cuatro personas. Una de ellas se encarga de introducirlos en la sala de ordeño, en la que siempre suena música de Bach para que estén relajadas; otra de desinfectar los tetos de cada vaca con L. Láctico, un producto que no daña la leche; la tercera se dedica específicamente a limpiar con una toalla los tetos (una toalla diferente para cada vaca) para evitar que la leche pueda tener algo de tierra; y la última vigila que las ubres estén vacías completamente para que la leche no se estropee y pueda provocarles mastitis o mamitis. Todo es poco para las vacas. Este sistema de ordeño cuesta 4 pesetas por litro y la granja gasta entre dos y tres mil euros al mes en análisis de los piensos que compran, pero en La Chirigota creen que todo mejora la calidad de la leche y que, al final, es rentable. Cada vaca lleva un podómetro que registra sus movimientos. Hans Peter Sieberg cuenta que, gracias a este aparato (que al entrar en la sala de ordeño queda registrado en varios ordenadores), saben si el animal ha andado menos de lo habitual e inmediatamente se avisa a los veterinarios por si tuviera fiebre o estuviera incubando alguna enfermedad. Comida extra Los operarios de la granja tienen órdenes estrictas de echar siempre un 5% más de comida a las vacas de la que realmente necesitan. Sieberg sostiene que está demostrado que cuando están en época de producción consumen más y no quiere que ningún animal se quede con hambre y produzca menos. Priégola utiliza su producción, que el año pasado les supuso una facturación de 4,2 millones de euros, para la elaboración de su propia marca de leche y yogures. El resto se la venden al grupo Pascual. En colaboración con el Aula de Leche de la Universidad de Santiago, que está en Lugo, han sacado al mercado un producto, el simbiotic drink, que es similar a los Actimel y los L Casei Inmunitas de Danone y Pascual sólo que, según asegura Sieberg, «mejor, porque mezcla prebióticos y probióticos». Como se trata de leche fresca, La Chirigota reparte a domicilio en inmuebles de la Comunidad de Madrid, un servicio que no es frecuente hoy en día pero que a ellos les resulta beneficioso porque vender en grandes centros comerciales podría ser perjudicial por las devoluciones. Pese a todo, también se distribuye en todos los centros de El Corte Inglés. Camas nuevas El mimo con el que son tratadas las vacas en esta granja es tal que desde hace unos años las camas de agua se están sustituyendo por otras de fieltro, que también mantienen seco siempre al animal y evitan lesiones. Los terneritos, al nacer, son instalados en casetas individuales, con cama de paja, que son orientadas al sur en invierno y al norte en verano para que no pasen calor. Sieberg bromea y dice que sus operarios y hasta su mujer se quejan de que les gustaría ser vacas para vivir así de bien.