«Pedimos un crédito para casarnos y ahora no podemos»
Cuando Luis le pidió a Magdalena en matrimonio lo hizo con una promesa «para que veas que te quiero, nos vamos a casar en tu país». Ambos adultos, con hijos de anteriores parejas, quisieron celebrar su enlace arropados por una familia que se hallaba a miles de kilómetros de distancia, en Guayaquil. «Desde marzo teníamos planeada la boda. Habíamos pedido un crédito de 25.000 euros y ahora no nos podremos casar». Magdalena, de 51 años, suspira mientras mira su vestido de novia desde unas gafas de sol que le tapan las lágrimas. Se casa por primera vez y su máxima ilusión era compartir su felicidad con tres hijos que hace cinco años que no ve y diez nietos que no conoce. «Aquí nos hemos quedado, sin billete, sin trabajo y sin dinero» dice mientras se aferra a su vestido de boda en la Terminal A del Aeropuerto del Prat. «He perdido mi trabajo por ir a la boda de mi madre, porque para ella significaba mucho. Nos tienen que dar una solución, no nos pueden dejar así» reclama Katty, la única familia que Magdalena tiene en Barcelona. Un grupo de afectados se amontona en el hall de la terminal a la espera de un billete milagroso y para protestar por no poder volar. Muchos son inmigrantes que llevan años ahorrando para poder ir a ver a los suyos. Es el caso de Darwin y su mujer. Se fueron de Ecuador cuando sus hijos tenían tres y cinco años y hace siete que no los ven. «Compramos nuestro pasaje anticipación. Estuvimos meses ahorrando, comprando juguetes, zapatos¿ para que llegues aquí y te digan que cerró la aerolínea». Darwin espera solo apoyado en una pila de maletas. «Mi mujer no está aquí ahora porque está hecha pedazos, además es diabética y no puede soportar las horas de espera», explica indignado. «El único que puede hacer algo es el que tiene dinero para comprar otro pasaje. Yo no creo que pueda viajar, por-que perdería el trabajo, pero estoy esperando para que al menos se vaya mi mujer» El trabajo es algo que a Yessica ya no le importa. Lo primero es ir a ver a su madre enferma en Guayaquil y que ésta conozca a su nieta de 3 años. Tenía permiso en su empleo hasta el día diez de enero, pero en Fomento no le garantizan la ida y concluye resignada que perderá su empleo. En lo que no cede es en conseguir un vuelo, por ello lleva varias noches con su hija pequeña pernoctando en el aeropuerto y casi sin comer, a base de bocadillos: «Compras un billete que no es barato y te quitan todas la ilusiones. Eso es de no tener sangre en las venas, sobre todo en Navidad».