Un año después, los afectados de Fórum y Afinsa no saben cuánto ni cuándo cobran
Está a punto de cumplirse un año de la operación judicial más importante de los últimos años -sólo comparable a la relativa a la corrupción en Marbella-, y para los afectados parece casi que fuera ayer mismo. El 9 de mayo del 2006, a primera hora de la mañana, un amplio despliegue policial procedía al registro y posterior clausura de las oficinas que Fórum Filatélico y Afinsa tenían repartidas por buena parte de la geografía española, en especial las situadas en Madrid, Barcelona y varias capitales más. Ese mismo día, los bienes de ambas empresas, dedicadas desde los ochenta a la compra-venta de sellos como forma de inversión declarada, eran intervenidos por la Audiencia Nacional, que antes había detenido a sus principales gestores. Fue todo un sobresalto en el país, sobre todo por el gran número de perjudicados: en principio, se habló de 350.000, pero las últimas cifras actualizadas por los administradores judiciales sitúan el número de clientes con contrato en 459.000. «Duros a cuatro pesetas» También espantó a la sociedad el hecho de que se apuntara ya entonces un posible fraude multimillonario: los primeros cálculos de Hacienda, origen de esta investigación, lo cifraban en 3.500 millones de euros, suma que al final casi se ha duplicado al alcanzar los 6.203. Pero lo principal es el drama de la multitud de afectados que, doce meses después, aún desconocen cuánto y cuándo cobrarán los ahorros que invirtieron -la Fiscalía estima que la mayoría no recuperará su dinero-, sin olvidar las jugosas rentabilidades que se les prometían (de entre un 6% y un 12% de media, e incluso mayores) y a las que la justicia no va a hacer frente por estimarlas «fuera de mercado». La administración les habló en su día de distintos tipos de ayudas y apoyos pero, en la práctica, sólo han llegado los créditos a interés cero del Estado, que cubrirán como máximo un 15% de la deuda reconocida. El principal gancho de esta supuesta estafa piramidal era la rentabilidad ofrecida por contrato (hasta cinco veces más que la normal), y su talón de Aquiles radicaba en la propia esencia del negocio filatélico, que no puede asegurar la revalorización de sus productos.