Diario de León

| Crónica | Y lo peor aún está por venir |

La cuesta abajo de septiembre

Tanto la economía doméstica como la actividad productiva se enfrentan a un otoño plagado de incertidumbres. Las expectativas son malas para empleo, hogares y consumo

Publicado por
M. J. Alegre - madrid
León

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Terminan las vacaciones y la cuesta de septiembre se presenta este año con la pendiente hacia abajo. Tanto la economía doméstica como la actividad productiva se enfrentan a un otoño plagado de incertidumbres. Las expectativas son desfavorables para el empleo, la renta de los hogares, el consumo doméstico, la riqueza de las familias, los resultados empresariales y las cuentas públicas. Los indicadores apuntan que lo peor está por venir, y ni siquiera existe la certeza de que a la contención del precio del crudo -único alivio en las últimas semanas- no vaya a seguir un nuevo y fuerte repunte, que podría tener como causa desde las tensiones geoestratégicas a los efectos de los huracanes. Empleo: Los trabajadores de temporada ven concluidos sus contratos y en otoño se incorporan al mercado laboral los jóvenes que han terminado sus estudios. Nuevas oleadas saldrán hacia el desempleo desde el sector de la construcción, en la medida en que se vayan acabando las obras en curso, porque las nuevas licitaciones se han frenado en seco. La tasa de paro puede llegar al 11% a finales de año. Ingresos familiares: Menos empleo y de peor calidad implica un recorte de los ingresos domésticos. Aunque los tipos de interés bajen, la repercusión de ese descenso será paulatina, en la medida en que se produzca la revisión de los créditos, y el nivel de endeudamiento ya es muy elevado. Los precios de la mayoría de los alimentos básicos se han estabilizado en cotas muy altas o siguen subiendo y otras facturas aún están por pagar. Por ejemplo, el primer recibo que refleje completamente el fuerte incremento de la electricidad no llegará hasta mediados de septiembre. Precios: La inflación, que se situó en el 4,9% anual en agosto después de apuntarse un máximo del 5,3% en julio, va a seguir bajando, por el efecto combinado de la contención del petróleo, el frenazo del consumo y la comparación con las subidas que registró en los últimos meses de 2007. La tasa podría quedar por debajo del 4% al concluir el año. Será bueno para el conjunto de la economía, pero tendrá un efecto negativo sobre la renta disponible de los pensionistas y asalariados: las actualizaciones se calculan sobre la variación del ÍPC de noviembre y diciembre, respectivamente, y no sobre la media del ejercicio. Nada compensará los precios pagados en primavera y verano. Vivienda: Propietarios que no consiguen vender, compradores que no logran financiación o no disponen de los ingresos suficientes para dar la entrada de un piso y asumir las encarecidas cuotas por larguísimos periodos de tiempo. No es extraño que en este panorama se produzcan caídas del 30% interanual en las compraventas de viviendas, según datos del pasado junio. El pinchazo de la burbuja inmobiliaria está teniendo los peores efectos posibles. Sobre el papel, los precios bajan muy poco, pero a la hora de estimar el patrimonio doméstico el ladrillo -sobre todo la segunda residencia- está cada vez más devaluado. Préstamos: El euríbor hipotecario, principal referencia en la financiación de las viviendas en España, bajó apenas siete centésimas el pasado agosto, para quedar en el 5,323%. Este nivel, próximo a su máximo del 5,393 registrado en julio, contribuye a que un número cada vez más elevado de clientes domésticos deje de pagar tres cuotas consecutivas de sus préstamos y se convierta en moroso.

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