El régimen cubano respira aliviado tras la presión internacional sobre Fariñas
El disidente cubano, que ha comenzado a beber agua, amenaza al Gobierno de Raúl Castro con retomar su ayuno si no cumple sus promesas sobre los opositores

El disidente cubano Fariñas, en una imagen de archivo, cuando llevaba 16 días de huelga de hambre.
La salud de Guillermo Fariñas, calificada de «grave» la semana pasada, ya no permanece como una amenaza sobre el régimen cubano. El ex militar, psicólogo y periodista independiente sigue delicado con un trombo en sus venas -”que podría ser mortal-” pero ha experimentado una ligera mejoría y ha comenzado a beber agua. Aunque amenaza con retomar su ayuno si el Gobierno no cumple sus promesas.
La semana pasada, el diario oficial Granma informaba del riesgo de su muerte. Fariñas se mantuvo firme en su protesta y rebajó de 26 a una docena los presos enfermos que quería ver libres para volver a comer. Su cesión en el número de opositores que quería que fueran excarcelados se produjo tras la puesta en libertad de Ariel Sigler y el acercamiento de doce disidentes a cárceles de sus provincias de origen.
Pero el sorpresivo anuncio de la progresiva liberación de 52 de los reclusos del Grupo de los 75 -”que permanecen detenidos desde la Primavera Negra del 2003-” junto al rosario de peticiones para deponer su protesta cursadas por la Iglesia católica, el Gobierno español y sus mismos correligionarios, acabaron por convencer a Fariñas. «Nosotros no queremos hacer ningún tipo de presión porque nuestro interés es tener a nuestros hermanos libres, ya sea dentro o fuera de Cuba», explicó el psicólogo y periodista en un comunicado.
Sin embargo, aclaró que pospone la huelga de hambre y sed «hasta el 7 de noviembre». También consideró que el régimen ha abierto «una puerta que no quería abrir». «La presión internacional, las circunstancias sociales, políticas y económicas dentro del país y el momento histórico que se está viviendo, han llevado al Ejecutivo a tener que dar el paso. Ya nadie la puede cerrar», argumentó
Cuatro meses de tensión Han sido más de cuatro meses presión internacional a Cuba desde el 23 de febrero, cuando murió Orlando Zapata tras 83 días de huelga de hambre. Al fallecimiento del opositor se unió la protesta emprendida por Fariñas un día después. Una máxima del Gobierno comunista es no aceptar presiones de ningún tipo, de ahí que la intervención de la jerarquía católica cubana lograra, sin exigir nada a cambio, que las Damas pudieran marchar los domingos. Después llegó la esperanza tras una reunión entre el presidente Raúl Castro con el arzobispo de La Habana, el cardenal Jaime Ortega, y el presidente de la conferencia episcopal, monseñor Dionisio García.
Los trabajos del ministro de Asuntos Exteriores español, Miguel Ángel Moratinos, al convencer a la UE de posponer la votación sobre la posición común hacia la isla hasta septiembre, rebajaba también la presión sobre La Habana.