Reportaje | colpisa
Cuba muestra su lado capitalista
La desaparición del tabaco de la cartilla de racionamiento y la aprobación de un decreto para atraer al turismo son síntomas de la apuesta económica del régimen

Un cubano muestra su cartilla de racionamiento.
Los mayores de 55 años están que trinan en Cuba porque desde el 1 de septiembre los cigarrillos han quedado fuera de la cada vez más menguada oferta subvencionada por la libreta de racionamiento. Los fumadores porque para seguir con el vicio tienen que pagar 7 pesos cubanos por cajetilla de tabaco negro y 7,60 por el de rubios, unos 25 centavos de euros al cambio. Los no fumadores porque ya no pueden disponer de las cuatro cajetillas -tres de negro y una de suave- que vendían para aumentar en un euro el salario o la jubilación en el todavía país comunista.
Una breve nota informativa publicada en el diario Granma el 25 de agosto explicaba que la decisión era «parte de las medidas que de forma gradual se vienen aplicando para limitar los subsidios en que incurre el Estado». Aclaraba que el tabaco ya solo lo recibía «una parte de la población cubana y no es un artículo de primera necesidad».
Cuando el periodo especial obligó a apretarse el cinturón en la década de los noventa, se limitaron a los mayores los cigarrillos que desde la creación de la libreta de abastecimiento racionado se daban a todos los isleños. Esta nueva crisis ha traído más restricciones, aunque el Gobierno insiste en que nadie quedará abandonado. El salario medio en el país caribeño es de 429 pesos cubanos (unos 17 euros) y la pensión de jubilación mínima de 200 (8), aunque el agua, el teléfono, y la luz están subsidiados, y la salud y la educación son gratuitas.
De todas formas, en las bodegas donde se expenden los productos racionados como el arroz, aceite o café, las críticas se han disparado por la nueva medida. «Ahora nos quitarán el café, luego el arroz. Pues mejor que lo quiten todo de una vez», se quejaba Nora, una delgada anciana.
En busca del turismo . Un decreto del presidente Raúl Castro autoriza a empresas cubanas a adquirir terrenos con el objetivo de construir viviendas exclusivas para el turismo, un sector en el que el Gobierno tiene puesta su esperanza para apuntalar la economía. Así, de un plumazo quedan derogados conceptos mantenidos durante el medio siglo de socialismo en la isla caribeña.
En la ley 59 se recoge que «el Estado puede entregar también en derecho perpetuo de superficie terrenos de propiedad estatal mediante el pago del precio correspondiente a empresas o sociedades mercantiles nacionales para la construcción de viviendas o apartamentos dedicados al turismo». No deja de ser paradójico porque el decreto también aclara que el Gobierno conserva la «propiedad y dominio de la tierra», aunque admite la venta.
La idea es reforzar el plan oficial de impulsar el sector turístico como motor de la economía, como por ejemplo atrayendo a los amantes del golf.