Sarkozy y Durao Barroso se enzarzan por la expulsión de los gitanos del Este
El presidente francés recibe el apoyo de los 27 en la cumbre de Bruselas

El presidente francés, Nicolas Sarkozy, conversa con su homólogo rumano, Traian Basescu, antes de co
La reunión de Jefes de gobierno de la UE que ayer tuvo lugar en la capital comunitaria actuó como un extintor aplicado directamente a las llamas de la hoguera mediática en la que llevaban horas abrasándose Sarkozy, Barroso, Reding y unos cuantos millares de rumanos y búlgaros de etnia gitana. La cumbre enfrió los maximalismos dialécticos con los que el tema estaba siendo abordado y puso a cada cual en su sitio salvo a la comisaria Viviane Reding, cuyo futuro europeo está seriamente comprometido.
Convocada para debatir asuntos de política exterior, la cumbre extraordinaria de Bruselas terminó centrándose en un asunto, este de las expulsiones de gitanos de suelo francés, que jamás debería haber escalado los contrafuertes del Olimpo europeo si los actores en escena, comunitarios o nacionales, hubieran tenido la lengua quieta y el ánimo sereno. Europa, en realidad, dio ayer una muy pobre imagen de sí misma, con sus líderes hablando de un problema multisecular aún irresoluto, el de las poblaciones nómadas, en esta era de la globalización.
Formalmente, la cumbre avaló un consenso unánime de sus líderes, que consta de cuatro postulados: primero, que Francia tiene derecho a ejercer el derecho francés en su territorio en la salvaguardia de su seguridad; segundo, que la Comisión europea tiene el derecho y el deber de salvaguardar y hacer cumplir el derecho europeo; tercero, que las relaciones entre los Estados miembros y las instituciones comunitarias tienen que basarse en el respeto mutuo; y, cuarto, que Europa debe promover una política efectiva de integración de minorías étnicas desarraigadas.
Se trata, sin duda, de cuatro obviedades, para cuya convalidación no hacía falta reunir a los 27 Jefes de Estado o de gobierno de la UE, pero el ambiente era tan malo ayer en Bruselas que hasta lo obvio tenía poderes balsámicos.
Enfrentamientos. Barroso y Sarkozy tuvieron un fuerte encontronazo dialéctico, que el primer ministro búlgaro, Boiko Borissoy, calificó de «muy violento». Otras fuentes, más diplomáticas, prefirieron dejarlo reducido a la condición de «intenso». En su conferencia de prensa, Nicolás Sarkozy negó el enfrentamiento y dijo haber mantenido la calma en todo momento.
El presidente francés, que continuó considerando «inaceptables» las similitudes establecidas por la comisaria de estas expulsiones de gitanos con los sucesos de la II Guerra Mundial y anunció de forma contundente que «vamos a seguir con esa política. La República francesa no va a tolerar la instalación de chabolarios en la periferia de sus ciudades, chabolarios que no son dignos ni de ella, ni de quienes los ocupan». Sarkozy insistió en que todas estas actuaciones han sido respaldadas por decisiones judiciales, a la espera del cierre de la investigación llevada a cabo por la CE.
La comisaria aparece como la gran perdedora de la polémica. Los apoyos que ha recibido tienen carácter meramente institucional y lo que verdaderamente emerge de la crisis es que ha sido excesivamente osada e imprudente en sus afirmaciones sobre el caso.