Diario de León

Ecuador empieza a depurar a la policía tras la sublevación contra Correa

Cerca de 50 personas que participaron en las revueltan han sido detenidas

Miembros de la policía ecuatoriana se retiran con sus dotaciones de la asamblea nacional.

Miembros de la policía ecuatoriana se retiran con sus dotaciones de la asamblea nacional.

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césar muñoz acebes | quito
León

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La policía de Ecuador ha detenido a casi 50 personas que presuntamente participaron en la sublevación de la semana pasada, la primera actuación a gran escala por parte del Gobierno, que denunció la existencia de un núcleo policial que podría transformarse en un grupo paramilitar.

El ministro del Interior, Gustavo Jalkh, dijo que la mayoría de los arrestados son policías, sujetos a detención preventiva de 24 horas, y que en función de la audiencia que se llevó a cabo ayer por la noche, «se determinarán otras medidas».

También está detenido Fidel Araujo, un cercano colaborador del ex presidente ecuatoriano Lucio Gutiérrez, que aparece en unas imágenes de televisión durante las primeras horas de la sublevación de policías en el Regimiento Quito Número Uno.

«Es una salvaje persecución. Se ha pisoteado todo el debido proceso», se quejó ante la prensa Patricio Armijos, abogado de los arrestados.

En la protesta participaron «cientos» de agentes, según dijo ayer el presidente, Rafael Correa, en un encuentro de dos horas con medios extranjeros en el Palacio presidencial de Carondelet.

El Gobierno se concentra en identificar lo que considera el núcleo de la insurrección, un grupo de policías «sin límites ni escrúpulos, con claros lazos políticos, que no dudan en matar, en secuestrar, en torturar», indicó Correa. «No permitiremos que en Ecuador se formen esta clase de grupos paramilitares, de extrema derecha», añadió.

1397124194 Preocupaciones. Al Gobierno le preocupa que una expulsión de policías en masa les empuje precisamente a convertirse en grupos ilegales, reveló un funcionario gubernamental, que pidió no ser identificado.

Correa denunció la existencia del llamado Grupo Armado Policial (GAP), que describió como «paramilitar», y que dijo que envió mensajes y pasquines a los uniformados en los días previos a la revuelta, en los que fomentaba el descontento.

El Gobierno no detectó esa «campaña de desinformación» antes del alzamiento, según admitió el presidente.

«Los servicios de inteligencia fallaron», dijo Correa, que reveló que fue el jueves personalmente al Regimiento Uno porque creía que se trataba tan solo de una protesta. «No medimos la magnitud del problema», dijo Correa, quien acabó retenido en un hospital aledaño a la sede policial durante casi todo el día.

Correa afirmó que esos servicios dependían financieramente de la embajada de Estados Unidos y que ahora el Gobierno los está reconstituyendo de forma autónoma. También vinculó a Washington con ese núcleo policial «sanguinario», que dijo que está molesto por la investigación de abusos de derechos humanos.

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