Diario de León

Cavaco y Sócrates, obligados a cohabitar en el momento más difícil de su relación

Los socialistas temen que el reelegido líder conservador quiera derrocar a Sócrates

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emilio crespo | lisboa
León

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La reelección del conservador Aníbal Cavaco Silva como presidente de Portugal ha abierto otra etapa de obligada cohabitación con el primer ministro socialista, José Sócrates, cuando sus relaciones atraviesan el peor momento.

Juntos en el poder desde el 2006, cuando Cavaco ganó por primera vez la presidencia, ambos políticos deben en principio convivir otros tres años más a pesar de la brecha política que los separa y el desgaste de haber cruzado muy duras acusaciones durante la agria campaña electoral de las presidenciales.

Líderes de los respectivos partidos del jefe del Estado y el de Gobierno, se mostraron ayerconfiados en que el triunfo de Cavaco no amenazará la estabilidad política de Portugal, aunque hace pocos días dirigentes socialistas expresaban su temor a que el presidente propicie la caída de Sócrates y unas elecciones anticipadas.

Miguel Relvas, secretario general del partido de Cavaco, el Social Demócrata (PSD, centroderecha) aseguró ayer que su organización, principal de la oposición, no busca la «crisis por la crisis» pero dudó, al mismo tiempo, de que el Gobierno concluya la legislatura en el 2014.

Sacrificios. Para el dirigente socialdemócrata el desafío del Gobierno es cumplir el actual programa de ajustes económicos, el más duro de la historia de Portugal, y demostrar que los sacrificios valen la pena.

Desde las filas socialistas el ministro de Asuntos Parlamentarios, Jorge Lacao, recordó que un presidente de la República no es un jefe de Gobierno y se espera de él cooperación institucional. Pero en relación a la posibilidad de unas elecciones anticipadas el ministro se mostró confiado en las declaraciones conciliatorias del presidente del PSD, Pedro Passos Coelho, que nada más conocerse el triunfo de Cavaco, negó que vaya a «apostar» por la caída de Sócrates.

El propio primer ministro fue de los primeros en felicitar al jefe de Estado electo y ofrecerle su «leal» cooperación, aunque tras dejar claro que no considera su victoria una derrota para el Gobierno por tratarse de escenarios institucionales diferentes.

Un supuesto caso de espionaje gubernamental al jefe de Estado, luego desmentido, hizo que el Presidente y el Ejecutivo se acusaran mutuamente de manipulación electoral en solemnes declaraciones transmitidas por televisión a todo el país. La grave crisis económica que sufre Portugal y la oposición de Cavaco a las grandes inversiones planeadas por el Gobierno socialista, entre ellas el tren de alta velocidad con España, agriaron aún más su relación.

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