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El errático y excéntrico Gadafi ve tambalearse su poder tras 40 años
El líder libio, Muamar al Gadafi, conocido por sus excentricidades, enfrentamientos con Occidente, veleidades sin fin y el más longevo de los dictadores en África, ve tambalearse su poder con los enfrentamientos armados que vive su país, en un desenlace aún por conocer.
Nacido en la ciudad de Sirte en 1942, en el seno de la tribu Gafafa y criado en una familia dedicada al pastoreo de camellos, logró estudiar para acceder a la Academia Militar.
Con sus compañeros de armas supo aprovechar las enseñanzas de liderazgo y alcanzar el mando mediante un golpe de Estado el 1 de septiembre de 1969 cuando derrocó al rey Idris Senussi, en el poder desde la independencia del país en 1951.
Ahora sus habilidades como líder y sus dotes para montar su jaima en cualquier lugar, así como toda la parafernalia de la que durante todos estos años se ha hecho acompañar, están siendo sometidas a prueba.
La fuerza motora de la actual revuelta tribal que ha sacudido los cimientos de su poder es interna y de nada le valdrá apelar como hizo para acceder al poder a las doctrinas panarabistas del líder egipcio Gamal Abdel Naser, a la vista del derrocamiento de otro titán de la región como Hosni Mubarak, casi tan longevo como él.
Su Al Yamahiria (República) Árabe Libia Popular Socialista ha recurrido al Ejército para tratar de sofocar las violentas protestas que viven las principales ciudades del país y, aparentemente, ha delegado en su hijo Seif el Islam para comunicarse con la población. Algo inusual en un veterano dirigente acostumbrado a figurar como permanente centro de atención.
Creador de la Unión Socialista Árabe, el partido único, los abultados ingresos del petróleo han facilitado sus conocidas excentricidades y megalómanas intervenciones.
Implacable en la represión de cualquier disidencia, sus complicidades con actividades terroristas significaron la aprobación de sanciones en 1992 por la ONU.