La líder opositora Shinawatra logra un vuelco histórico en Tailandia
Su hermano Thaksin fue declarado fugitivo tras ser depuesto hace cinco años

Yingluch Shinawatra, líder del Partido de los Tailandeses celebra la victoria.
El partido del gobernante depuesto hace cinco años y declarado fugitivo, Thaksin Shinawatra, ganó ayer de forma abrumadora los comicios que pueden convertir a su hermana Yingluck en la primera mujer que asume la jefatura del Gobierno de Tailandia. La formación Puea Thai (Partido de los Tailandeses) liderada por Yingluch Shinawatra, de 44 años y neófita en la política, ha obtenido 258 escaños de los 500 que componen el Parlamento. Su rival inmediato, el Partido Demócrata capitaneado por el primer ministro en funciones, Abhisit Vejjajiva, tenía 162 escaños con el mismo porcentaje de paletas escrutadas, mientras que el resto de los asientos estaban distribuidos entre cuatro formaciones. «Felicito al Puea Thai por la oportunidad que tiene de liderar el próximo Gobierno y deseo a Yingluck Shinawatra todo el éxito como primera mujer en ser primera ministra de Tailandia», dijo el jefe de gobierno saliente en la sede su partido antes de finalizara el recuento oficial.
De confirmarse estos resultados y a la espera de que la comisión anuncie los candidatos descalificados por fraude electoral, el Puea Thai dispondrá de la mayoría absoluta necesaria para gobernar en solitario, aunque invitará a varios partidos menores a formar una coalición, según adelantó Thaksin desde su refugio de Dubai en declaraciones al canal local de televisión PBS. La victoria del Puea Thai apenas unos dos meses después de que Yingluck fuera nombrada su cabeza visible, supondrá el retorno al poder de los políticos afines a Thaksin después de un intervalo de algo más de dos años de gobierno de coalición encabezado por el Partido Demócrata. En diciembre de 2008, el Tribunal Constitucional disolvió por fraude electoral el Partido del Poder del Pueblo, formado por los políticos afines a Thaksin, y la formación Demócrata forjó una alianza parlamentaria con diputados tránsfugas para gobernar. En opinión de gran parte de los tailandeses de a pie el desenlace electoral abre una nueva etapa de la larga lucha por el poder entre la facción política de Thaksin, condenado en rebeldía a dos años de cárcel por corrupción, y la que apoyó su caída mediante el golpe de Estado. La incógnita es la reacción de la facción política y social que ha respaldado al Partido Demócrata, sobre todo la de los generales que depusieron a Thaksin y la de los seguidores del movimiento de los «camisas amarillas» que debilitó su gobierno con persistentes protestas callejeras.
Tanto una como otra formación expusieron programas electorales similares, que incluyeron promesas de subir el salario mínimo, ayudas económicas a campesinos y personas mayores, suspensión de deudas contraídas por los agricultores y grandes proyectos de infraestructura. Aunque el Puea Thai también se comprometió a reducir en un 75 por ciento la corrupción, uno de los males de Tailandia.