Noruega se viste de luto y recuerda con emoción su viernes más trágico
Ascienden a 77 los fallecidos por los atentados después de que muriera uno de los heridos en el tiroteo
La ciudadanía noruega recordó ayer con emoción y entereza su viernes más trágico, hace exactamente una semana, mientras su primer ministro Jens Stoltenberg renovaba su apuesta por la cordura democrática como respuesta a la matanza de Anders Behring Breivik.
Oslo fue un desfile incesante de rostros compungidos, pero serenos, de ciudadanos que depositaban sus flores, velas y mensajes por las víctimas de lo que acabó en una matanza con un número de fallecidos que ascendieron ayer a 77 tras fallecer en un hospital una de las personas heridas en el tiroteo de la isla de Uyota. Fue un «atentado contra la democracia», afirmó Stoltenberg, en un acto ante su militancia socialdemócrata, cada uno con una rosa en la mano, y ante jóvenes vestidos de riguroso luto, con una insignia roja en la solapa con las siglas de las juventudes del partido, AUF. «Responderemos al odio con amor», enfatizó Stoltenberg, repitiendo lo que ha sido la consigna diaria del político socialdemócrata al que estos días alaba la prensa conservadora por haber encontrado palabras de esperanza en la tragedia colectiva. «No estáis solos, nuestro movimiento es el hombro sobre el que podéis llorar», añadió Stoltenberg, tras una larga semana en que ha sido el político cercano y omnipresente que el ciudadano precisaba. «Nos ha dado una lección a todos, es cierto», admitía Arnt Hargen, concejal del opositor Partido del Progreso en el distrito de Bislett, en el norte de Oslo, uno de los centenares de ciudadanos que acudieron ayer a la catedral a recordar a las víctimas.
Al Partido del Progreso, segunda formación en el país, le costará «reconducir la situación», proseguió Hargen, en alusión al hecho de que Breivik militó en la formación entre el 2007 y el 2009. «Breivik no representa a ese partido, por mal que me caigan ellos. No representa a nadie de este país. Ni siquiera a los xenófobos o a los que me miran con desprecio por ser musulmán. Es un diablo, un mundo aparte», indicó a pocos pasos El Hads Ould Brahm, un joven mauritano, residente en Oslo desde hace unos meses. «Escuché la explosión, vi las imágenes y pensé -˜Ojalá no sea un musulmán-™. No aquí, no en esta Europa, no en Noruega, un país de acogida, pese a los avances radicales de los últimos tiempo», apuntó el joven mauritano.