Las FARC fusilan a cuatro secuestrados, entre ellos dos de los más antiguos
El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, afirmó ayer que las FARC son los «únicos responsables» de la muerte de cuatro rehenes en lo que calificó como una «acción vil», al tiempo que el ministerio de Defensa confirmaba la identidad de las víctimas. Los ejecutados son el sargento mayor del Ejército José Libio Martínez Estrada; así como el coronel Edgar Yesid Duarte, el comandante Elkin Hernández Rivas y el intendente jefe Álvaro Moreno, todos ellos de la Policía Nacional.
Santos explicó que «tres de ellos tenían un tiro en la cabeza y uno de ellos, dos tiros por la espalda», acción que calificó como «lo más cruel que hemos visto en mucho tiempo» por parte de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). «Esto significa que estos héroes de la patria que sacrificaron su vida para darle tranquilidad al resto de los colombianos fueron torturados durante más de diez años, porque llevaban entre 12 y 13 años secuestrados y terminaron vilmente asesinados», aseguró. «Ya me imagino que van a querer comenzar a decir que fue la fuerza pública», dijo Santos en su habitual actividad pública de los sábados, al señalar que los culpables son quienes les secuestraron y «apretaron el gatillo».
1397124194 El rehén más antiguo. Entre las víctimas se encuentra el que era hasta ayer el secuestrado más antiguo en poder de la guerrilla, José Libio Martínez, quien fue hecho rehén el 21 de diciembre de 1997 en una sangrienta toma de la base militar de Patascoy, en el departamento de Nariño (suroeste). Duarte y Hernández fueron secuestrados el 14 de octubre de 1998 en Paujil, en el sureño departamento de Caquetá, y Moreno el 9 de diciembre de 1999 en Curillo, municipio ubicado en esa misma región.
Por otra parte, ex secuestrados, organizaciones de familiares de rehenes de las Farc y otros representantes de la sociedad civil colombiana cuestionaron ayer los intentos de rescate tras la muerte de cuatro rehenes a manos de la guerrilla. Estos hechos son una muestra del fracaso de los «rescates a sangre y fuego», manifestaron.