Diario de León

De Adenauer a Merkel: los ocho cancilleres que relanzaron Alemania

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gemma casadevall | (efe) berlín

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La República Federal de Alemania ha conocido ocho cancilleres, cada uno de los cuales imprimió su sello en el proceso de recolocar al país en el mundo, desde la dura posguerra a su dominio actual.

Fueron cinco líderes de la Unión Cristianodemócrata -Adenauer, Erhard, Kiesinger y Kohl, hasta Merkel- y tres del Partido Socialdemócrata del aspirante Peer Steinbrück -Brandt, Schmidt y Schröder-.

Adenauer (1949-1963) se convirtió en canciller con 73 años a pesar de su edad y de proceder de un cargo de poco rango. Le avalaba su reputación de excombatiente contra el Tercer Reich. Su gran retos fue la reconstrucción nacional. Bajo su mandato se convirtió la RFA en miembro de la OTAN y de la CEE y se firmó el Tratado del Elíseo, el puntal del eje franco-alemán forjado con Charles de Gaulle.

Con 87 años, cedió el cargo a Erhard (1963-1966), su ministro de Economía, quien antes de acceder a la Cancillería ya había escrito su propia página de la historia como artífice del «milagro alemán».

Le siguió Kiesinger (1966-1969), quien se puso al frente de una gran coalición para consolidar la reconstrucción nacional, pero no estuvo a la altura de sus antecesores, lastrado además por su pasado nazi.

Le sucedió el primer canciller del SPD, Brandt (1969-1974) identificado con la «Ostpolitik» con que la RFA miró hacia el este. La revelación de que un funcionario de la cancillería era un agente comunista precipitó su dimisión y relevo por Schmidt (1974-1982).

El segundo canciller socialdemócrata combatió el terrorismo sin concesiones, en la que fue la etapa más mortífera de la Fracción del Ejército Rojo. Lidió con las crisis de 1973 y 1979, además de impulsar el fortalecimiento de la unión europea y el eje franco-alemán.

El abandono de los liberales catapultó a Kohl (1982-1998), que negoció la reunificación tras el hundimiento del Telón de Acero. Kohl representa la fase determinante para la integración y ampliación al Este de la UE y a una Alemania con un papel cada vez más firme en el mundo. Su sucesor, Schröder (1998-2005), rompió la línea de sumisión de la política exterior alemana a EEUU, con el no tajante a la intervención en Irak.

Merkel (2005) le derrotó por una ventaja mínima, y consolidó Alemania como la potencia europea que ahora es capaz de imponer su ley dentro y fuera de la UE.

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