Diario de León

Cameron presiona por un pacto en Belfast para superar el bloqueo político

Los primeros ministros británico e irlandés se reúnen con los partidos del Ulster.

David Cameron y la ministra británica para Irlanda del Norte, Theresa Villiers.

David Cameron y la ministra británica para Irlanda del Norte, Theresa Villiers.

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íñigo gurruchaga | londres
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El primer ministro británico, David Cameron; el de Irlanda, Enda Kenny, y Gary Hart, enviado personal del secretario de Estado norteamericano, John Kerry, se congregaron ayer en Belfast junto a los cinco principales partidos de Irlanda del Norte con la intención declarada de llegar a un acuerdo sobre los asuntos que bloquean de nuevo el avance de la política en la región. Las áreas de la agenda son tres. La primera es la cuestión presupuestaria. El Ejecutivo norirlandés no aplica los recortes en la Seguridad Social como en el resto de regiones británicas porque Sinn Féin, como hace en la República de Irlanda, se opone a las políticas de austeridad. Pero en el norte es parte fundamental del Gobierno autonómico.

Además de no aplicar recortes, el Ejecutivo tuvo que pedir un préstamo extraordinario al Tesoro británico para afrontar sus pagos. El ministro principal, el unionista del DUP Peter Robinson, y el viceministro principal, Martin McGuinness, de Sinn Féin, han acordado un nuevo presupuesto. Londres ha sancionado financieramente a Belfast por negarse a los ajustes y sólo le concederá la competencia del impuesto de sociedades si existe un plan presupuestario sostenible.

El segundo aspecto de la negociación está aplazado desde el final del pasado año, cuando los partidos fracasaron en acordar la propuesta final que les presentó el entonces enviado de Washington, Richard Haass. Es el ‘legado del conflicto’: uso de banderas, marchas orangistas, víctimas y reconciliación.

A esos dos puntos se añade la reforma de la estructura política norirlandesa, con propuestas de reducción de la Asamblea de Belfast, cambios en la elección de mayorías para aprobar legislación y de procedimientos en la Cámara y el Ejecutivo. Es una agenda basada en la creciente conciencia de que los mecanismos excepcionales creados en el Acuerdo de Viernes Santo en 1998 condenan al bloqueo político por la división sectaria.

«Mi evaluación realista es que hemos llegado a la hora de la verdad», dijo Cameron al aparecer en Stormont. «Si no logramos alcanzar un acuerdo ahora, con el ciclo de elecciones acercándose, se habrá perdido una gran oportunidad». Habrá comicios británicos en cinco meses y en Irlanda e Irlanda del Norte, en un plazo máximo de un año. Robinson dice que el acuerdo tiene que llegar esta semana. McGuinness, que debe intentarse esta semana pero que ha de alcanzarse antes de Navidad. Los partidos más pequeños son más escépticos, porque defienden un pacto en todos los puntos -aquí concuerda McGuinness- y no se han tratado en sesiones anteriores bloques enteros de la agenda.

Las posibilidades de fracaso son notables.

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