Diario de León

La CIA reconoce que algún miembro se excedió en los interrogatorios

El director de la agencia no menciona la palabra tortura durante una inusual rueda de prensa de 45 minutos .

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mercedes gallego | nueva york
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John Brennan, director de esa agencia tan secreta que si sus miembros nos dijeran que lo son tendrían que matarnos, abrió ayer las puertas de su búnker en el norte de Virginia para dar una rueda de prensa en la que exculpar a la organización por cinco años de torturas. Brennan, de 59 años, que lleva un cuarto de siglo trabajando en la CIA y soñaba con ello desde que estudiaba en la Universidad, admitió que «algunos» de sus hombres se pasaron de la raya marcada para las llamadas «técnicas de interrogatorio reforzado».

En la inusual conferencia de prensa de 45 minutos no logró pronunciar la palabra ‘tortura’, que asume ya hasta el propio presidente Barack Obama, para el que ha trabajado como asesor antiterrorista de Seguridad Nacional. «Su renuencia a usar esa palabra refleja parte del problema», observó en CNN Ben Emmerson, relator para la Tortura y los Derechos Humano de la ONU. «Sospecho que necesita mantener el tipo dentro de la organización».

El director de la CIA rememoró con todo detalle los conocidos ataques del 11-S, en un vano intento de recuperar ese clima de miedo y unidad que permitió que la sociedad diese un cheque en blanco al Gobierno de George W. Bush para que evitase a toda costa que algo así volviera a repetirse. Brennan tiene razón. En ese momento a pocos importaban en EE UU los escrúpulos con los que se pudiera manejar a los sospechosos de Al-Qaeda. Todos miraban a la CIA en busca de explicaciones y la responsabilizaban de evitar futuros ataques. Pero pasada la histeria colectiva de ese capítulo negro, EE UU, como tantos otros pueblos, tiene que hacer un doloroso acto de constricción para la historia, que a Brennan todavía le cuesta.

A lo más que llegó fue a lamentar que la Agencia «no estaba preparada» y «carecía de experiencia» en la detención e interrogatorio de sospechosos. «Tuvimos que agonizar con las decisiones de cómo proceder para prevenir algo catastrófico», dijo en busca de simpatía. Su cuestionable acto de arrepentimiento incluyó «haber fallado en establecer claramente las directrices» de esos «interrogatorios» y en castigar a esos «pocos hombres» que a la CIA se le fueron de las manos.

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