Diario de León

Michelle Bachelet da la cara por el polémico crédito que recibió su hijo

La presidenta chilena admite haber pasado «momentos dolorosos» y asume los hechos «con claridad y decisión».

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m. valente | buenos aires
León

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Con la voz quebrada por la emoción, la presidenta de Chile, la socialista Michelle Bachelet, habló ayer por primera vez del escándalo que involucra a su hijo en un millonario negocio inmobiliario. «Como madre y presidenta han sido momentos difíciles y dolorosos», reconoció al referirse al llamado caso Caval que forzó a su hijo, Sebastián Dávalos, a renunciar al cargo que tenía como director sociocultural del palacio de La Moneda.

El escándalo comenzó en la segunda semana de enero, cuando la presidenta se encontraba de vacaciones. La sociedad Caval, en la que la esposa de Dávalos tiene el 50%, obtuvo un préstamo bancario de 10,3 millones de dólares (unos 8,8 millones de euros) para adquirir terrenos en una zona rural cercana a Santiago que luego iba a ser declarada de uso residencial

El negocio consistió en vender las tierras recalificadas muy por encima del valor.

La operación, que dejó a la sociedad una ganancia de unos 4 millones de euros, implicó a Dávalos pues asistió con su esposa a la entrevista con el dueño del Banco de Chile en 2013 al día siguiente de la elección en la que su madre fue votada para ser presidenta. En la cita, Antonio Luksic les otorgó el préstamo, pese a que Caval no tenía antecedentes, ni avales para obtenerlo. Dávalos negó haber cometido un acto ilícito, pero renunció a su cargo el pasado día 13. Entretanto, a petición de la oposición, la Fiscalía comenzó una investigación por presuntas negociaciones incompatibles con su cargo y por violación de secreto.

Ayer, a su regreso de las vacaciones, la presidenta dio una declaración a la prensa desde de La Moneda. «Durante estos últimos días han ocurrido acontecimientos que han generado preocupación, y para mí, como madre y presidenta, han sido momentos difíciles y dolorosos», admitió nerviosa. Bachelet afirmó que quería asumir los hechos «con claridad y decisión» y que su responsabilidad como presidenta implicaba «tomar decisiones dolorosas».

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