Diario de León

El piloto del avión le gritó a Lubitz: «Por Dios, abre la maldita puerta»

Descubren cajas de fármacos contra un trastorno bipolar en el piso del copiloto.

Lubitz comentó dos veces al comandante que podía irse al baño y que él se pondría al mando.

Lubitz comentó dos veces al comandante que podía irse al baño y que él se pondría al mando.

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MARTA FERNÁNDEZ | MADRID
León

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A medida que salen a la luz más detalles del contenido de la caja negra del Airbus 320 accidentado en los Alpes franceses se refuerza la hipótesis de que el copiloto había planeado estrellar el avión. Al menos, lo había decidido al iniciar el vuelo entre Barcelona y Dusseldorf el pasado martes. Andreas Lubitz comentó en dos ocasiones al comandante que podía irse al baño y que él se pondría al mando de la aeronave. Antes de abandonar la cabina, se oye al piloto decirle: «Prepare el aterrizaje en Dusseldorf». La grabación recoge un macabro «ojalá, vamos a ver» de Lubitz por respuesta, en tono bajo, que no habría escuchado su superior. Esa expresión revela las terribles intenciones de este joven obsesionado con su profesión, que debía renovar la licencia de vuelo en tres meses y sabía que sus problemas psíquicos y físicos le iban a inhabilitar para volar.

La hora y media de grabación de la caja negra muestra que durante los primeros 20 minutos de vuelo el comandante Patrick Sondheimer y su segundo de abordo hicieron comentarios banales. En la conversación, el piloto comenta que no ha tenido tiempo de ir al baño antes de despegar de Barcelona. Entonces Lubitz le ofrece asumir el control del aparato en cualquier momento.

Nada más terminar la comprobación del protocolo de aproximación al aeropuerto de Dusseldorf, el copiloto vuelve a comentar a Sondheimer que puede abandonar la cabina para ir al lavabo. «Ya puedes salir», le insiste. A las 10.27 de la mañana, cuando estaban a 11.600 metros de altura, el piloto le pide a Lubitz que vaya preparando el aterrizaje. Se oye decir al comandante: ‘ya puedes asumir el mando’, el ruido del asiento y de una puerta que se cierra. Son las 10.29 y el radar registra un primer descenso del aparato.

Poco después salta una alarma, se escucha un ruido fuerte, el de una patada contra la puerta de acceso a la cabina, y la voz del comandante que grita: «¡Por el amor de Dios, abre la puerta!». En un segundo plano se perciben ya gritos de los pasajeros. A las 10.35, cuando el avión aún se encontraba a 7.000 metros de altura, la grabación registra ruidos metálicos, los que hace el piloto al intentar abrir la puerta a hachazos, una escena que desata el pánico en el interior del Airbus.

Noventa segundos más tarde, a 5.000 metros de altura, se activa una nueva alarma, y se oye al piloto gritar: «¡Abre la maldita puerta!». Su voz suena desesperada mientras el copiloto respira tranquilo dentro de la cabina, sin decir nada. A las 10.40, un ala del Airbus impacta contra la montaña. Los últimos sonidos son los gritos desgarradores de los pasajeros. Inmediatamente después, el aparato se estrella a 700 kilómetros por hora y se desintegra con sus 150 ocupantes en los Alpes franceses.

La principal hipótesis que se baraja sobre su decisión de estrellar el avión son la frustración y la angustia que le causaba no poder llegar a cumplir su sueño de ser comandante de Lufhtansa.

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