‘Lunes negro’: «Sin dinero ni esperanza»
El cierre de los bancos borra la confianza de la sociedad griega por su futuro y el corralito, los 60 euros que como máximo se pueden sacar al día en los cajeros, afecta sobre todo a los pensionistas sin tarjetas.
Una persona saca en un cajero los 60 euros que permite el Gobierno griego.
Ni siquiera la esperanza logró sobreponerse al ‘lunes negro’ de Grecia. En las calles sólo había espacio para la resignación, el desaliento, la decepción y la incertidumbre. «¿Cómo hemos llegado a esta situación? ¿Qué vendrá después si ya lo hemos perdido todo?», se preguntaban muchos de los ciudadanos helenos que hacían colas en los cajeros para sacar los 60 euros que como máximo tienen permitido retirar por día hasta el 7 de julio. Pero sin duda la imagen más desoladora era la de los jubilados que, frustrados, aguardaban frente a las persianas bajadas de los bancos al no poder cobrar las pensiones. Sin tarjetas de débito o crédito y pese a estar excluidos de las restricciones, la sensación de abandono era total.
En una economía como la griega, basada en el dinero en efectivo y en la que muy raramente se puede pagar con tarjeta en taxis, cafeterías y restaurantes, los ancianos son uno de los eslabones más vulnerables. «Es que yo no llevo ya dinero y no tengo más que una libreta», se lamentaba una señora, que al igual que otro amplio grupo de jubilados se impacientaba en el centro de Atenas al observar los bancos cerrados. En vano, un empleado intentaba tranquilizarles al explicar que tenían que esperar al menos hasta las cinco de la tarde para saber qué sucursales abrirían.
Si este lunes era el día en que debían cobrar los pensionistas, hoy será el turno de agricultores y autónomos. Entre ellas está Sofia Chronopoulos, una joven vendedora de tejidos. «Mañana (por hoy) se pagan los salarios. Pero los bancos están cerrados y mi jefe no tiene dinero. ¿Qué vamos a hacer? Tenemos que pagar las facturas», decía preocupada porque no sabe, al igual que la mayoría de los griegos, cómo va a administrarse en los próximos días con sólo 60 euros. Eso en el caso de que continúen funcionando los cajeros. Muchos no habían sido reabastecidos. «No hay efectivo. Probé todos. Es difícil no ceder al pánico», aseguraba Theodoros Contos, un repartidor de 38 años, visiblemente estresado.
Aunque la situación en los comercios era de aparente normalidad, el miedo comenzaba a aflorar entre algunos pequeños empresarios como Karina, que regenta en la capital helena una tienda de bisutería. Es consciente de que si continúan las restricciones su negocio se verá seriamente afectado a medio plazo por no tratarse de artículos de primera necesidad. Aun así mantiene un hilo de optimismo: «Esta zona, afortunadamente, es muy turística y esperamos que los visitantes extranjeros a quienes no les afecta el corralito, puedan ayudarnos a salvar esta situación».
La misma preocupación de Karina también la sienten en estos momentos Nikos Gyallitsis y Panagiotis Vergetis. Gyallytis, propietario de un céntrico café de Atenas, calcula que perderá el 50% de su facturación y teme que desaparezcan sus clientes. «La gente va a guardar el dinero para la comida y la gasolina. Para hacer compras tienes que estar feliz, tener confianza. Y nosotros no sabemos qué va a pasar mañana», sostiene. Vergetis, por su parte, se resiste a la idea de que sufran una drástica disminución las ventas en su tienda de ropa masculina y ya ha decidido aplicar una rebaja del 30% en todos sus artículos. «Necesito dinero. Espero que vengan y compren».
Transporte público gratis
A fin de paliar el drama que golpea a los griegos, el Gobierno de Alexis Tsipras ha anunciado que el transporte público será gratuito hasta que abran los bancos. La medida, además de buscar un alivio para los castigados bolsillos de la sociedad helena, pretende contener la gran demanda de carburante. No en vano, los conductores hacían colas frente a las gasolineras, donde la venta ha aumentado un 20% respecto a la semana pasada. Ante el masivo acopio, Grigoris Stergioulis, presidente de la mayor compañía petrolera en el país, Hellenic Petroleum, lanzó un mensaje tranquilizador. «Las refinerías están trabajando como siempre y el abastecimiento está plenamente garantizado. Tenemos reservas para varios meses», subrayó.
Las palabras, sin embargo, caen sobre un terreno árido para la confianza helena. Porque en Grecia los ciudadanos dicen sentirse perdidos, «sin dinero ni esperanza», tal y como reconoce Chris Bakas, un desempleado de 28 años. El contagio también alcanza a los visitantes extranjeros. Michelle Amman, una suiza de 48 años, asegura disponer de suficiente efectivo pero ha decidido controlar sus gastos porque se encuentra «muy cansada, muy inquieta». En cambio, Marina Jestin, una turista francesa, está tranquila pero sus amigos no: «Están preocupados. Temen que los griegos se pongan agresivos o violentos cuando les empiece a faltar el dinero».