Diario de León

Putin se convierte en un aliado para hacer frente al desafío yihadista

Rusia ha jurado venganza por el atentado del avión en el que murieron 224 personas.

El presidente ruso, Vladimir Putin, en una imagen del pasado mes de octubre.

El presidente ruso, Vladimir Putin, en una imagen del pasado mes de octubre.

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Rafael M. Mañueco | Moscñu
León

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Vladímir Putin lleva luchando contra el terrorismo desde antes de aparecer en escena y convertirse en presidente de Rusia. De hecho, su férrea determinación de acabar con los desmanes de los islamistas chechenos fue lo que le aupó al poder. Llegó con el mandato de limpiar la conflictiva república caucásica de extremistas y, aunque a un alto precio en vidas humanas, casi lo ha conseguido. Ahora, el actual presidente ruso se ha embarcado en otra cruzada antiterrorista, esta vez en Siria contra el Estado Islámico, el Frente Al Nusra (Al-Qaida) y contra otros grupos que él considera radicales.

Los intentos de Putin de proteger a sus ciudadanos de los atentados yihadistas han evolucionado con numerosos altibajos. Aunque ya estaba familiarizado con este problema al haber dirigido el FSB —antiguo KGB— durante todo un año, el ex espía tuvo su prueba de fuego tras ser nombrado primer ministro, en agosto de 1999. Fue designado precisamente para hacer frente al potente ataque armado que aquel mismo mes lanzaron en Daguestán los sanguinarios cabecillas rebeldes, Shamil Basáyev (checheno) y Amir Hattab (saudí) con la intención de ampliar los límites de Chechenia y crear el Gran Califato del Cáucaso. Ambos, muertos hace tiempo a manos de las fuerzas rusas, profesaban el wahhabismo, la corriente más rigurosa del Islam.

Con Putin al frente del Gobierno, las tropas rusas consiguieron acabar con la sublevación alentada por Basáyev y Hattab en Daguestán y, tras una ola de atentados en varias ciudades rusas durante el mes de septiembre de 1999, se aprestaron a desalojar del poder al régimen checheno de entonces, dirigido por el presidente Aslán Masjádov. Comenzó así la segunda guerra chechena.

Los éxitos cosechados en esta segunda campaña (la primera se extendió entre 1994 y 1996) catapultaron al antiguo agente del KGB a la cúspide del poder. Ganó en las elecciones de marzo de 2000. Sin embargo, según años después aseguraría el también espía, Alexánder Litvinenko, en su libro El FSB dinamita Rusia , los atentados de septiembre de 1999 fueron organizados por los servicios secretos rusos para justificar una guerra más en Chechenia y poner a Putin en el Kremlin. Lo cierto es que Litvinenko fue asesinado en Londres, en noviembre de 2006, con una sustancia radiactiva llamada Polonio-210, y las autoridades británicas sospechan que los autores fueron agentes rusos.

La primera piedra

La primera gran crisis con rehenes a la que tuvo que hacer frente Putin como presidente fue la toma del teatro Dubrovka de Moscú, a finales de octubre de 2002, por parte de un comando checheno, en cuyas filas había varias «viudas negras», mujeres suicidas que vengan a terroristas abatidos por las fuerzas de seguridad. El secuestro mantuvo en vilo a toda Rusia durante cuatro días y acabó con la muerte de 130 personas, 10 niños entre ellos. Ninguno de los yihadistas sobrevivió.

Las medidas antiterroristas de Putin, aunque vulneraron muchos derechos y libertades, terminaron surtiendo efecto, ya que la violencia de los últimos años se mitigó. No hubo nuevos atentados de importancia desde 2011 hasta octubre y diciembre de 2013 en Volgogrado, en tres ataques con un balance total de casi medio centenar de víctimas mortales. Quedó entonces demostrado que el terrorismo en Rusia no está completamente vencido, pese a que se logró acabar con Dokú Umárov, el jefe de la guerrilla chechena.

Hace casi un año, el 4 de diciembre de 2014, los llamados Muyahidines del Emirato del Cáucaso, la sección local del Estado Islámico, llevaron a cabo varios ataques simultáneos en Grozni, capital de Chechenia, causando once muertos. Nueve miembros del comando fueron aniquilados, pero la mayoríahuyó. Uno de los argumentos que el presidente ruso esgrime para justificar los actuales bombardeos en Siria, cuyo primer efecto es que está dando oxígeno a Bashar el-Asad, es acabar con los yihadistas e impedir así que puedan llegar a Rusia. El último zarpazo de terrorismo que ha sufrido el país eslavo fue el derribo del Airbus-321 el 31 de octubre con la muerte de los 224 ocupantes del avión. Fue reivindicado por el EI y Putin ha prometido venganza.

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