La UE y Turquía pactan controlar los flujos migratorios a cambio de dinero
A la cumbre, considerada inédita, no asiste el todopoderoso presidente otomano Erdogan.

Los jefes de Estado y de Gobierno de la UE y el primer ministro turco, asistentes a la cumbre.
Ayer comenzó una nueva era en las relaciones entre la Unión Europea y Turquía. Nada de retórica o sentimentalismos, todo es mucho más sencillo. En latín, se llama ‘do ut des’. En lenguaje bruselense, la traducción es te doy 3.000 millones, acelero las negociaciones de adhesión y liberalizo tus visados a cambio de que te pongas serio con la gestión de tus fronteras y contengas los flujos de refugiados sirios, iraquíes o eritreos en tu país para evitar que Europa, incapaz de gestionar este problema, sufra una crisis política de primera magnitud entre sus socios. El trato es sencillo. «Somos socios, nos necesitamos mutuamente», recalcó la jefa de la diplomacia comunitaria, Federica Mogherini. ‘Do ut des’, ya saben.
Ayer, en Bruselas, firmaron la declaración de intenciones. Se sabe el inicio, pero se desconoce el final. «La desconfianza europea es mucha, pero no había más alternativa. Hay una mezcla de necesidad y resignación», confiesa un veterano diplomático. No lo ve así la otra parte. «No es sólo una reunión, sino el inicio de un nuevo proceso que es muy importante para el futuro de nuestro hogar común en Europa», manifestó a su llegada un sonriente primer ministro turco, Ahmet Davutoglu.
Fue una cumbre inédita. Y no sólo por el formato, también porque los jefes de Estado y de gobierno de los 28 llegaron a primera hora de la tarde a una ciudad sobre la que pesa una amenaza «grave» de atentado terrorista similar al de París. Las medidas de seguridad se multiplicaron y todo se ideó para que los líderes estuvieran en la ciudad el tiempo justo y necesario, sin tener que pasar la noche. Tampoco fue necesario, ya que el borrador de conclusiones de la cita llevaba cocinándose a fuego lento desde hace muchas semanas,
Hablando del formato, de cómo la plana mayor de la UE se dio cita un domingo por la tarde en Bruselas para reunirse con un primer ministro de un país tercero, algo que no tiene precedentes. Ocurrió con Obama en 2009 y fue en Praga. Quizá sea el mejor resumen de lo mucho que ha cedido la UE. Estuvieron Angela Merkel, François Hollande, David Cameron, Matteo Renzi.. Todos menos el todopoderoso presidente otomano, Recep Tayyip Erdogan, que al final delegó en Davutoglu. Es otro de los datos que indica que el partido terminó con un Europa 0-Turquía 1. Porque si hubo cumbre, fue «porque la exigió Ankara».
Ayer, tocaba hablar de refugiados, de la necesidad de que Turquía, que acoge a 2,2 millones, blinde sus fronteras para evitar que cientos de miles de personas inicien su travesía hacia una Europa dividida que sólo ha sido capaz de recolocar a 159 de los 160.000 asilados que ahora se encuentran en Italia y, sobre todo, Grecia. «Si este acuerdo ambicioso se implementa plenamente, el 29 de noviembre de 2015 será una fecha crucial en nuestra relación, recalcó Tusk en su intervención inicial, que fue retransmitida en directo, algo inédito.