«Sólo había muertos, ha sido una masacre, el infierno»
Cabizbajos, mirada perdida, rotos. Muchos vestían un chaleco reflectante que jamás quisieron llevar. O sí. Porque ayer, esta hilera de muertos vivientes que caminaban sin rumbo por las carreteras de salida del aeropuerto de Zaventem volvió a nacer. Muchos no tenían ni fuerzas para llorar. Se llama shock. Fue un viaje relámpago al «infierno», como lo definió uno de los supervivientes. Ellos lo pudieron contar. 14, no. «Ha sido terrible», confesaron.
Poner texto al álbum de imágenes que deja el 22-M es una tarea descomunal, a todas luces imposible. Instantáneas que valen más de un millón de crónicas. «Sólo había muertos, ha sido una masacre», aseguró acelerada Celine, una joven que corría por el aeropuerto y que había vivido en primera persona las explosiones del hall de acceso. «Ya estaba en las instalaciones. Caminaba hacia la zona de facturación y de repente escuché una gran explosión. A partir de ahí, sólo había humo, gritos y mucha gente tendida en el suelo», explicó a los medios belgas. Y es que la vida, a veces, es cuestión de segundos, de detalles, de simple suerte. Como la que tuvo Simon O’connor, uno de los colaboradores más estrechos del comisario de Asuntos Económicos, Pierre Moscovici. Se iba a Roma de vacaciones. «Ya había aparcado el coche en el párking y estaba camino de la terminal. Cinco minutos más y estoy allí», explicó.
«Un señor gritó algunas palabras y después escuché una gran explosión», recuerda Alphonse Lyoura, empleado de la seguridad del aeropuerto. «He ayudado al menos a siete heridos. Hemos sacado cinco cuerpos que no se movían. Se ha desatado el pánico. Muchos han perdido las piernas. Bélgica no merece esto», confesó a la agencia ‘France Presse’.
Ayer, en Bruselas salió el sol. Quizá suena como algo irrelevante, pero no, en la capital europea el sol se cotiza y mucho. Era un día despejado, azul, olía a vacaciones. Hasta que todo saltó por lo aires y el azul se fue tiñendo en rojo masacre. Poco a poco. Primero en Zaventem. Un muerto, varios, 11, 14… Luego, en la calle Loi, en la parada de metro de Maalbeek. Heridos, un muerto, bastantes, una masacre, 20… «Estábamos aturdidos por lo que se estaba escuchando del aeropuerto y de repente escuchamos una explosión muy fuerte y humo que salía de las rejillas de la carretera, los respiraderos del metro. Fue entonces cuando nos temimos los peor», recuerda Alberto, un funcionario comunitario que trabaja en uno de los muchos edificios de la Comisión que están en esta transitada arteria.
«Empezó a salir gente corriendo, heridos, gritando y los empleados del hotel que está situado al lado, el Thon, empezaron a llevar toallas y diverso material», explica. Este hotel, de hecho, fue usado como provisional hospital de campaña y ni los propios clientes pudieron entrar en las horas inmediatas a los sucesos. Se vieron imágenes tan impactantes como un autobús urbano haciendo las veces de ambulancia para trasladar a varios heridos escoltado por la policía. Este otro infierno belga se saldó con sólo una veintena de muertos y un centenar de heridos. Sólo, sí, porque viendo las imágenes, hablar de 20 fallecidos es casi un milagro.