«Pensé que nos iban a bombardear, que era el final»
«Creí que nos iban a bombardear. Que era el final. No podré jamás borrar de mi mente esa noche. Los cazas atronando una y otra vez en vuelo rasante, pegados a la ventana de mi casa. Esos enormes helicópteros verdes en posición de combate. Tiros por todas partes. Explosiones. ¿Cómo olvidarlo?».
Las palabras y los recuerdos se agolpan en la mente de Raquel Sardazadeth, quizás una de las españolas que haya sido más conscientes del «caos» que se estaba viviendo en Estambul la noche del viernes. Ella no tenía que ver la televisión o intentar conectar con Internet para saber lo que estaba pasando. Desde su atalaya en el undécimo piso de una torre del barrio de Besiktas, el corazón de la moderna Estambul europea, lo veía todo en directo. Su observatorio privilegiado, junto a la emblemática la plaza Taksim y con vistas al Bósforo, dejó de ser su particular paraíso para ser la puerta de «un verdadero infierno».
«Me estaba preparando para salir cuando me llamó un amigo que trabaja en Iberia para preguntarme cómo estaba. Hasta entonces no había visto nada, pero todo cambió a partir de las once de la noche. De pronto, en cuestión de segundos, era como si estuviera en medio de una película de guerra. ¡Pero todo era real! ¡Había helicópteros y aviones por todas partes! ¡Casi podía tocarlos! Era una locura», rememora todavía emocionada esta funcionaria del consulado, residente en Estambul desde hace solo siete días.
Por eso todavía no entiende el turco. «Mi única forma de saber lo que estaba pasando en el mundo era el WhatsApp (el resto de aplicaciones no funcionaban) y lo que veía por mi ventana. Y lo que veía y oía eran solo explosiones. Me dijeron que los helicópteros estaban disparando indiscriminadamente y pensé que la próxima iba a ser yo». Aunque las informaciones según avanzaba la noche apuntaban a que la situación poco a poco se iba controlando, la realidad que ella veía y oía era otra. «¡Y boom! A las 3,50 exactas de la madrugada se escuchó una explosión tremenda cerca del hotel donde están alojados unos amigos míos de Azerbaiyán. Me puse a llorar. Estaba convencida de que ya estaba en medio de una guerra civil y que salir del país iba a ser una pesadilla».