Un atentado en Damasco marca el séptimo año de la guerra siria
El ataque contra dos autobuses con peregrinos chiíes dejó al menos cuarenta muertos.

Estado en el que quedó un autobús tras las explosiones. SANA HANDOUT
Mikel Ayestarán | damasco
Siria arranca su séptimo año de guerra con una jornada de luto en Damasco tras el doble atentado que acabó con la vida de más de cuarenta personas en la parte vieja de la capital. La explosión de «dos bombas», según la televisión nacional, en la zona de Bab al Saghir tuvo como objetivo a peregrinos chiíes que bajaban de sus autobuses para visitar las numerosas tumbas que se encuentran en uno de los cementerios más antiguos de Damasco. El ministro de Interior sirio, Mohamad al Shaar, confirmó que el ataque fue contra «peregrinos de diferentes nacionalidades árabes» y, poco después, el ministerio de Relaciones Exteriores iraquí indicó que unos cuarenta ciudadanos iraquíes habían muerto y que había más de 100 heridos.
Al Shaar se desplazó al lugar del atentado acompañado del Embajador de Irak en Damasco y aseguró que «el único objetivo que han tenido es matar». En las imágenes difundidas por los medios sirios se podían ver dos autobuses de color blanco alcanzados por las explosiones y charcos de sangre sobre un suelo cubierto de calzado y ropa.
Apóstatas
Pese a la complicada situación de seguridad tanto en Siria como en Irak, los peregrinos chiíes siguen viajando a los lugares santos y han sufrido numerosos atentados en los últimos años a manos de grupos radicales suníes como Al-Qaida en Irak, primero, y ahora Estado Islámico (EI) para el que una de sus prioridades es acabar con los chiíes porque les consideran apóstatas. El lugar más venerado en Siria para esta secta minoritaria del islam es el santuario de la nieta del Profeta, Sayeda Zeinab, situado a las afueras de Damasco. Allí los seguidores del califa asesinaron a 134 personas en un ataque cometido en febrero de 2016 en el que lograron superar los controles impuestos por Hezbolá, la milicia chií libanesa que custodia el lugar santo desde que estalló el conflicto.