La UE afronta otra cumbre marcada por la ultraderecha

El presidente de la CE, Jean-Claude Juncker. CHRISTIAN BRUNA
salvador arroyo | bruselas
La idea de que Europa está amenazada por una avalancha migratoria de proporciones bíblicas, una tesis que se alimenta de las acciones y discursos de los actores políticos más reaccionarios (véase el italiano Matteo Salvini, véase el húngaro Viktor Orbán) y que ha calado en sectores de la población golpeados por la recesión económica, será de nuevo un muro a erosionar en el Consejo Europeo informal que desde ayer reúne a los 28 jefes de Estado y de Gobierno en Salzburgo. Hay un problema migratorio, sí. Se sufre especialmente en el Egeo y el Mediterráneo. Pero es más grave la fractura política por el auge del ultranacionalismo y las derivas xenófobas. Esta es otra cumbre marcada por la ultraderecha. El muro no se va a demoler.
Y eso que los datos avalan un retroceso en los flujos de irregulares desde 2015, cuando saltaron todas las alarmas y se produjeron hasta 2,3 millones de entradas en el territorio común. Sobre la mesa los líderes tuvieron ya anoche ese argumento de partida. Pero no es la primera vez. Pese a la agresiva retórica de algunos, los flujos migratorios irregulares en 2017 cayeron a 204.700 y en los primeros ocho meses de este año, hasta los 91.267.
Donald Tusk, presidente del Consejo, es consciente de que la idea (esta de la UE) no termina de calar. «No podemos seguir divididos entre quienes quieren resolver el problema y aquellos que quieren usarlo en el juego político». ¿Resignación? Más bien voluntariedad. Porque poco más se espera de la reunión de trabajo programada para hoy.