May ‘amarra’ sólo el apoyo político de la UE sobre el ‘brexit’

Obtiene una declaración sin peso jurídico para relajar el impacto de la salvaguarda para la frontera de Irlanda.

La canciller alemana Merkel conversa con la primera ministra británica, May. OLIVIER HOSLET

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León

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salvador arroyo | bruselas

Los jefes de Estado y de gobierno de los Veintisiete ofrecieron ayer a Theresa May una declaración política en la que refuerzan su compromiso de no activar el backstop o solución de emergencia que evita una frontera dura en Irlanda. Este texto de buena voluntad, que al cierre de esta edición marcaba el mínimo común denominador del acuerdo entre las delegaciones, es a todo lo más que los líderes parecían estar dispuestos a llegar durante la cena que mantuvieron después de que la británica abandonara la sala tras explicar sus pretensiones. Esa declaración, un texto sin sustento jurídico, es la herramienta que se ha ofrecido a la premier para que intente el segundo asalto a Westmister y consiga la ratificación parlamentaria de lo ya acordado sobre el brexit .

Pero no tiene la carga que ésta pretendía. Vino a Bruselas pidiendo «garantías políticas y legales» para diluir la interpretación que más enerva a los eurófobos de su partido conservador; que Reino Unido quedaría «atrapada» en una unión aduanera sine die. Por eso durante la noche se jugó otra carta: la de la extensión del Artículo 50 (la base legal de la escisión). Más tiempo para un brexit que genera ya hartazgo. La cláusula permite estirar el chicle y algunos presidentes como el rumano Klaus Iohannis, ya lo habían advertido antes de sentarse a escuchar y decidir, siempre dentro de un orden.

Porque los 585 folios del Acuerdo de Retirada, el único de los dos documentos jurídicamente vinculantes del pacto de divorcio no se tocará. Es un tratado laborioso que ha exigido más de 17 meses de negociaciones; se firmó el pasado 25 de noviembre (hace algo más de dos semanas) y modificarlo es un salto al vacío de consecuencias impredecibles. Primero, porque no garantizaría que May ablandase a los eurófobos de su partido («este es un problema británico-británico», incidieron fuentes diplomáticas). Y porque la sola mención de mover una coma de ese tratado molestaba (y mucho) a la mayoría de los socios -España, que no lo consiguió con Gibraltar, insistía ayer en que el agravio sería «inaceptable»-.

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May pedía «garantías» de que el backstop irlandés nunca se va a llegar a ejecutar -ésta sería la ultima puerta hábil en el acuerdo del brexit si no se sella antes un pacto comercial Reino Unido-Unión Europea, pero nunca se abriría antes de dos a cuatro años, lo que dure la retirada transitoria-. Ante la reiteración europea de que quería ayudarle para ganar en Westminster, ella replicó que «la mejor manera de hacerlo es garantizar que ese backstop no va a ser permanente». Y sí recibió buenas palabras. Pero el Acuerdo de Salida no se toca.