La defensa de Ibar ve posible apelar pero la vista no sería antes de 5 años
El 25 de febrero se conocerá si la pena impuesta es cadena perpetua o la muerte.
javier peñalba | miami
Pablo Ibar pasó la primera noche tras el veredicto que le declaró culpable de un triple asesinato en un módulo especial reservado a personas en riesgo de cometer suicidio. No porque diera muestras de pretender lesionarse. Se trata de una media de carácter meramente preventivo que la administración penitenciaria de Estados Unidos implementa de manera casi sistemática en aquellos casos de pena grave y, lógicamente, este es uno de ellos.
El mismo sábado, tras lectura del fallo, el preso de origen español fue trasladado de nuevo a la prisión de Broward County, desde donde pudo mantener una breve conversación telefónica con su padre, Cándido, cuyo contenido no ha trascendido. También Tanya, su mujer, pudo hablar con él por espacio de unos minutos. «Fue una conversación en la que Pablo le dijo que no entendía cómo el jurado podría haber llegado a aquel veredicto con todas las pruebas que habíamos podido aportar», relató ayer Mimi, la cuñada, aún profundamente afectada por la decisión judicial.
El afectado fue, de entre todos los miembros de su familia quien, aparentemente, mejor pareció encajar el veredicto. Mientras sus familiares echaban la vista al suelo y varios de ellos rompían a llorar, él se mantuvo tan entero como pudo. Cándido, en cambio, apenas halla consuelo. Está roto. A una sobrina suya que reside en el País Vasco le ha manifestado que «se quería morir; que tenía ya 75 años y que su máxima ilusión era ver a Pablo en libertad, y que ya no iba a poder cumplir ese sueño», explicó ayer Pilar Pereda, prima también de Pablo. Pereda resalta la ola de solidaridad que han recibido los familiares tras conocer el fallo. «La cuenta de ingresos para hacer frente al coste del proceso ha registrado numerosas operaciones. La respuesta de la sociedad hacia nosotros está siendo excepcional», cuenta.
Ibar deberá permanecer en el centro penitenciario de Broward hasta el próximo 25 de febrero. Ese día será conducido de nuevo a la sala número 6.900 del juez Dennis Bailey. Allí, el mismo jurado que ahora le ha declarado culpable, debe decidir si le impone la pena de muerte que solicita la Fiscalía de Florida, o la cadena perpetua, petición que la defensa formulará el próximo 4 también de febrero.